martes, 27 de diciembre de 2011

La Venus del Espejo.-




No soy un erudito del arte pictórico pero digamos que puedo decir que me gusta Velázquez y me quedo tan ancho. Debe ser entonces que me gusta Caravaggio y que también me mola el dramatismo del barroco y la iluminación tenebrista. Debe ser, aunque yo mismo tarde en enterarme de estas cosas, porque como dije en dos o tres previos de este post no tengo una opinión evolucionada de casi nada. Pero sí, qué carajo, me gusta Velázquez, y esta tarde me he pasado unos minutos mirando La Venus del Espejo, en plena disección y lectura. Veamos, una dama con curvas y culo bastante canonizado a los moldes del siglo XXI, es decir un gran culo, se refleja en el espejo que sujeta un niño barrigón cuyo pene apenas podría ser visto en plena micción, dada la curvatura del vientre, pero lo intuimos pequeño por la influencia renacentista en nuestro Velázquez. La mujer es Venus, la diosa de la belleza y la fertilidad, principalmente porque pienso que el título de la obra refleja al personaje principal, y no hay que darle más vueltas. El gordito es Cupido, su hijo, dios del amor, es decir la madre del amor es la belleza, y el amor es una especie de siervo a disposición de la belleza, pero ella no parece una divinidad al estilo celestial-fastuoso-palaciego-sobrehumano-colosal, sino más bien humilde, por muy diosa y muy Venus que sea, y de repente la deidad se torna mujer, eso sí, una mujer que estaría buena y tendría un gran cuerpo en los baremos estéticos del siglo XXI, o al menos de los míos. Luego está el espejo, que es donde está la trampa. No entraré a juzgar si el espejo tendría dada su posición que reflejar el busto y no el rostro, porque no lo percibo, aunque otros sí lo hagan, pero creo que todos vemos algo desvanecida la imagen, una belleza diluida, creo entender, una muchacha fea en el reflejo, cuando a lo mejor esperábamos a una Mónica Bellucci del siglo de Oro. Pero no, Velázquez nos está contando de la ceguera del amor, de esa obcecación alucinatoria que nos hace ver a una Venus sumergida dentro de un coco. Esa es mi disección por encima, o por debajo de mitologías y vanidades. Más o menos como si el torso de Aitana Sánchez Gijón nos reflejara el rostro de Belén Esteban diciendo vale, me entiendes



lunes, 26 de diciembre de 2011

Dimensión Navideña.-



Yo no niego la festividad de la navidad, como tampoco le desvelaré el secreto al niño, pero no por ello desmentiré el sacrificio. A mí me parecen unas fiestas muy sufridas, y ciertamente expiatorias, independientemente del componente bíblico que es lo que menos ha importado de toda la vida en la Navidad. Valga el paradigma de que en Colombia los regalos caen del cielo, obra del niño Dios, lo cual tiene más coherencia dogmática, me parece.
A ver si me entienden, no soy el típico aguafiestas dickensiano, ni voy malcarado a las celebraciones. Todo lo contrario, voy con las mejores intenciones y participo en la medida de lo posible de la fraternidad, esa camaradería guay de reventar efímeras felicidades y estómagos; como, bebo y hablo. No obstante procedo a la congregación de putadas en torno a la navidad.  
Pobres ex-fumadores envueltos en la humareda de los cigarrillos  que acompañan al café, débiles títeres de la posibilidad de la reincidencia. Ya saben que no valen extravagancias culinarias, que las ensaladas no nacieron para Navidad, ni es presentable ni estética la presencia de guarrerías isotónicas de carácter dietético. Digamos que es como poner al malogrado Enrique Urquijo a hacer coros con Camela. Discordancia, se llama. Sintamos fascinación por el crujido de la lechona muerta para nuestras voluptuosas tragaderas, por los chocolates suizos y los turrones sevillanos, por las salsas barrocas de Bilbao y los tocinillos de cielo del Puerto de Santa María, engordemos al gordo, indigestemos al flaco, agravemos las úlceras. Sintámonos cómplices de la angustia del alcohólico anónimo con sus temblorosos labios en el borde de la copa de champán. Riamos la absurda borrachera del abstemio, que se autoproclama con ese estúpido adjetivo que viene a ser la palabra piripi, y las gracias de los padres cafres descubriendo la curiosidad alcohólica de los niños tontos. 
Después, el universo regalo. Los niños se empalagan de su propia existencia hogareña, y necesitan motivos para seguir vivos, es decir juguetes electrónicos y otros niños para jugar a putearse, la afición preferida y universal de la infancia, y los padres tienden a alcoholizarse en mitad de esa desgracia de ver demasiadas horas y demasiadas veces a esos monstruos que agudizan el ingenio de dar el coñazo en la Navidad. Y los regalos de los adultos son una fatalidad de urgencias y mucha carencia de conocimiento personal. No sé si me entienden, mecheros rocambolescos y plateados al que no fuma, exuberantes pañuelos de seda caribeños, forros polares en la sartén de Andalucía, botellas de vino al tabernero, objetos inútiles  en el más estéril y universal sentido, y toda la parafernalia que se les pueda ocurrir en este sindiós que llaman Navidad.
Feliz Navidad, y suerte, queridos. Esto no ha hecho más que empezar.

martes, 20 de diciembre de 2011

Ustedes son Paranormales y Excitados.-


Aunque yo nunca miento, a veces utilizo la ficción para contarles la verdad, y de vez en cuando me doy una vuelta por el Janpath, para comprobar que a ustedes les gustan las cosas que yo no he disfrutado en exceso escribiendo. No entiendo como me han podido leer 5.184 veces una entrada que se llama Las Viandas de los Marcianos y como otra de las grandes notoriedades ha sido Las Cosas del Esperma. Está claro que entre el disperso público internet hay mucha afición a los alienígenas y las múltiples derivaciones de las cosas del follar, y que muchos de ustedes son unos paranormales y gente muy excitada y comprometida con el sexo. 
Entonces me ha sobrevenido cierta crisis conceptual, y empiezo a tener un desarraigo temático porque no sé lo que algunos de ustedes quieren de mí. Miren, yo no tengo una opinión evolucionada de casi nada, y dependo un poco del estado de ánimo del día, pero si ustedes quieran que escriba sobre las auténticas salvajadas que pienso algunas mañanas, háganme saber , que yo necesito esa terapia de la crítica destructiva. Me va fenomenal. Elijan temas polémicos, denme la oportunidad de ejercer algún tipo de vandalismo, y estarán algunos de ustedes en perfecta situación para insultarme. Obviamente no he conseguido mucho cuando solamente me han insultado tres o cuatro veces en un año de bitácora. Algo va mal. He hablado de escritores que me parecen apasionantes como Dostoievski, Bolaño, Fitzgerald y John Fante, y de gente sucia como Gadafi y Hitler, pero unas veces porque el tema estaba manido y otras porque algunos de ustedes tienen un dudoso gusto literario, no he conseguido la repercusión que entendía de justicia para determinados posts. 
Así que a la espera de sus proposiciones, hoy aprovecho para intentar darles satisfacción. Su carnaza. Se me ocurre abordar un personaje que no cae bien a nadie y que yo detesto profundamente. Algo sin ninguna repercusión retórica. Algo banal. Seré breve, pues. Enrique del Pozo.  He hecho mis averiguaciones y he confirmado mis sospechas. Intelectualmente no vale un carajo, pero el tipo se cree que entiende de algo, y tiene una precariedad erudita equidistante a Falete. En cierta época de su vida, hace muchos lustros, cantó con una tal Ana, tuvieron unos éxitos efímeros, y le sobrevinieron las alucinaciones. Mientras cantaba esa mierda del Coco hua hua, el new wave se desarrollaba en España y Tino Casal y Alaska, le daban al sexo, a la droga y fracturaban  el rock, y él se creyó superstar por cantar con una niña de ocho años, sin saber muy bien de la muerte prematura de los estúpidos grupos de canciones basura para niños. Cuenta la leyenda de Madrid, que en ese encantamiento perpetuo por haberse conocido, se dedicó a realizar todas las metafóricas o no, blowjobs, para conseguir cualquier cosita en la tele, o en los medios, una vez que el producto Enrique y Ana se dio la gran hostia. Decía que era colega de Mick Jagger y de Sharon Stone, grabó discos que no compraron ni sus primos, y se le empezó a ver en Chueca con maricas al estilo chapero de Vicálvaro. No voy a perder más tiempo con un personaje que no me interesa nada. Solamente he querido instrumentalizar su figura (más bien rechoncho): el arribista sin talento y sin escrúpulos que se inventa una burbuja de delirios. El eterno vendedor de si mismo ¿Ustedes conocen a esa gente? Cuéntenme.  

viernes, 16 de diciembre de 2011

Mi amiga, una Lesbiana Traidora .-


El otro día estuve con una amiga que es una de especie de homosexual disidente, no sé como explicarles, una lesbiana heterodoxa, fiel por una parte a ciertas tradiciones del Orgullo y hereje de otras prácticas que ella misma bautizó como la feria de Madrid. Una traidora. No, Marta no es una lesbiana pija de Lagasca, tipo cualquier infanta masculinizada con jeep cherokee,  pantalones planchados y cola de caballo. No, no viste como para ir a comprar los canapés al Mallorca. No. Marta es malasañera, una clase de esas indies del tipo trendy que unas veces parecen leñadoras y otras granjeras de Kentucky; está buena, es una militante honesta  y lleva grabado a fuego mejor que muchos camaradas eso que llaman la igualdad sexual. Ahora les diré: últimamente me estoy acostumbrando a mirar desde lejos a la gente; y las personas que yo miro desde la distancia de los años crecen; es decir, si yo me reconvierto en centinela de la lejanía desde un mirador transparente, noto que la mente se libera de cualquier resentimiento o carencia, y veo honestidad y nobleza, que es  para lo único que valen los amigos. Para ser honestos y para ser nobles, disculpen el exceso. Y Marta es una cosa y otra. 
El problema de Marta es que no es solidaria con el colectivo. En fin, al parecer a la niña no le gustan las carrozas, ni los paseos multitudinarios y adiposos por Gran Vía, ni la matraca de Camilo Sesto. Incluso me confesó que nunca había follado en metro Chueca, ni en el parking de Vázquez de Mella, ni había subido al Oscar Mate a tomarse una copa con Asdrúbal, el borderline. Fue una vez al Why Not y acabó horrorizada y con una resaca de colores por el puto garrafón que ponen en ese local de Madrid y por los macarras albano-kosovares que tienen de porteros. A Marta no le pone verle el cuello del útero a Malena Gracia y a Yola Berrocal en la contemplación del desfile. Ni ver potar a Jorge Javier Vázquez, espectáculo por el que yo pagaría, ya les aviso. No sé, es rarita esta chica. Una guay de lo art decó a lo Tamara de Lempicka, una pirada, una mártir pseudocultureta a lo Virginia Wolf. Joder, hay que sufrir Marta. Da igual pagar agua a precio de gin tonic, y un miserable mojito de caldo azucarado a precio de cocaína. Hay que atravesar los conductos de Gravina y Augusto Figueroa, reventarse la vejiga, rozar los cuerpos sudoríficos, sentir los tejidos adiposos de la comunidad, Marta, de tu colectividad.
Querida, te recuerdo una posición que ya apunté en la primavera: Entre medias de la cocaína, las blow-jobs, los anabolizantes y el maldito por amor tengo el alma herida, por amor no quiero más vida de su vida, melancolía, que acuda por unos momentos el talento. Y ya no puedo más, siempre se repite la misma historia, decía ese colega. Pues vale. Eso era. 



  

miércoles, 14 de diciembre de 2011

El Mártir Millonetti.-


Una de las frases más afortunadas del mundo financiero, se la debemos a Mark Twain: Un banquero es un señor que nos presta un paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover. Yo apostillaría otra al universo del poder: la enemistad de dos hombres acaba por un complot contra un tercero. Y ésa me la acabo de inventar, así, a bote pronto. Miren, a Mario Conde sí le hicieron una conspiración, yo estoy muy convencido de esa teoría, un complot partidista, digamos, pero  no por ello ha de haber dispensa por haber sido uno de los mayores ladrones de la historia de este país. Verifiquemos la crónica: un señor con gomina viene a representar el esfuerzo, el éxito y el carisma en todas las facultades de ciencias económicas y empresariales del país. Lo más rancio del pijerío español quiere ser Mario Conde, un tipo que en su época de estudiante hacía ejercicios de opas hostiles a empresas en función del capital. Un paranoico a lo Michael J Fox, en  The Secret of My Success, pero con mala hostia, con una mirada que acojona. Ostras, que ese tío tiene la llave de algo gordo, del éxito, que es lo más parecido a un alquimista que he visto en mi vida. Pal banco.
Luego llega el colega y frena una apremiante Opa a Banesto, y emerge una especie de Obama financiero. Banesto tiene presidente. Por si acaso, les comento a mi manera, una Opa es una traición, una cosa más o menos bajuna que hace un inversionista para sacar la máxima pasta del capital social, tras previo acuerdo con los accionistas más hijos de puta, para conspirar a la cúpula y tener el poder de la empresa.
En el banco las cosas van bien, magnífica gestión, curvas hiperbólicas de la economía, pero en un momento dado falla una cosa: también hay un hiperbólico desvío de capitales. Yo creo que la culpa la tuvo la política. En caso contrario, todos habrían estado más mudos que la hache, y se habrían revolcado en el fango de una democracia bananera. Mario Conde quería ser presidente del gobierno porque sabía de cierto éxtasis colectivo, y era muy listo y posiblemente guapo, sí, un tipo de guapo excitante, maléfico. El partido sería centrista, y una obvia amenaza para populares y socialistas, cuando ya éramos bipartidistas, y no se quería más enemigo en la batalla. Fue aquel día en el que Complot se chivó de Desfalco, y don Mario fue metafóricamente a remar a galeras.
Yo no digo que estar en la cárcel sea bonito. Tampoco niego que le hicieran la gran putada. Pero sí me parece que desapareció cuatrocientos mil millones de pesetas y que este hombre, renovado poeta y colega de  presos hace entrevistas con deferencias de periodistas de blowjobs,  y bebe vino en Intereconomía. Y yo no me creo la catarsis, ni le voy a definir como el inmolado financiero, ni el mártir millonetti. Venga ya.





martes, 13 de diciembre de 2011

Una Criatura Inocente.-


Fue bonita y buena para el mundo aquella tarde plomiza de Harrow Weald, salvando la galaxia de brumas psicopática y enfermiza que tiene Inglaterra (hay pocas tristezas comparables a un paseo por el peor Londres periférico) . Estuve en la armería Cleaner, cuando salió aquel viejo sórdido y malcarado que yo conocía de las novelas de Dickens y me colocó en la mano una pistola Star 9 milímetros Parabellum. Me dijo una frase amable con esa afectación inglesa tan desagradable, y con cierta mala follá al final. "Tómala español, cuídala como si fuera tu novia, y úsala bien, está hecha para cambiar la historia". Y me la entregó con una técnica inaudita, como si le estuviera grabando Coppola en Heart of Darkness, como si Conrad estuviera escuchando en una dependencia contigua, o como si no hubiera hecho otra cosa en su triste existencia, salvo entregar pistolas. Salió un judío sacado de otra novela de Dickens (sabido es que para él los sefarditas eran malos, por tanto uno de los problemas del antisemitismo ya lo estaba engendrando en el siglo XIX) y me llevó al cementerio de Stanmore. Sabía mucho de pistolas y de destrezas de disparo. Flexión de piernas, sujeción de muñeca, enfilar, técnica de aguante de respiración, disparo. Esfuerzo y posición horizontal; la pistola es pesada pero concede poder y privilegios. Me da algo de pudor decir esto: posiblemente felicidad. Hay simbiosis, como decía aquel soldadito borderline de Gran Hermano, entre la pistola y tú. Sentí una excitación de niño derribando los muñecos, y el judío Fagin me miró severo. Ahora vas a salvar a seis millones de personas. Como los dos sabíamos el futuro y teníamos en nuestra libreta las predicciones más trágicas del Universo, vimos la nebulosa de un niño llorando por los azotes de su padre, y nos tuvimos que ir a Braunau. El niño se llamaba Adolf Hitler. ¿Usted mataría para cambiar el curso de la historia? No era más que una criatura inocente.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Queridos Reyes Magos.-


Queridos Reyes Magos:
En primer lugar, espero que Baltasar ya tenga los papeles, y que dada su categoría monárquica y esos laureles de grandeza que ustedes, sus dos colegas blancos le mitigan, pruebe a reunirse con Inmigración, y haga algo de una puta vez, que han hecho más por los éxodos de ese siglo veintiuno, Kanouté y Abidal, y yo a Baltasar le presupongo erudito y estratega, así que basta ya de hacerle de menos, que más bien parece efebo y criado de Sus Altezas. 
Dado que este año no he evadido impuestos y no he codiciado más bienes que los de la supervivencia, no estarían de más ciertas deferencias.
Yo creo que ya está bien. Mi infancia fue dura, materialmente hablando; nunca tuve scalextric ni bicicleta de treeking,  por ello, les requiero compensación. Quiero una bici de cuatrocientas velocidades, porque este año han sido muchas las veces de poner pies en polvorosa, y una play station como indemnización y cooperación a subsanar mi exclusión social. Tengo amigos que me miran como si fuera retrasado cuando hablan de videojuegos. Algo deben tener bueno cuando todo el mundo lo hace. Síndrome de abstinencia, droga tecnológica, digamos. Ya les digo, quiero un poco de realidad virtual, porque la vida real está jodida, y llevo mucha dura realidad a las espaldas dando de lleno en plena linea de flotación. Miren, ahora les contaré el chiste; tomen su copita de orujo, y aguarden. Papá! ¡Papá! En el colegio, en la clase de informática, me pidieron que para mañana explique la diferencia entre 'virtualmente' y 'realmente'. Bueno... Pregúntale a tu madre si se acostaría con otro hombre por un millón de dólares. El niño obedece: Mamá... ¿te acostarías con otro hombre por un millón de dólares? ¡Por supuesto! ¡Papá! ¡Papá! ¡¡¡Dijo que sí!!! Bueno... Ahora anda y pregúntale a tu hermana. Anita, ¿te acostarías con un hombre por un millón de dólares? ¡Claro que sí! ¡Papá! ¡Papá! ¡¡¡También dijo que sí!!! Vale y pregúntale también a tu hermano mayor . Paco, te acostarías con un hombre por un millón de dólares ? pues claro tío !!!  Papá Papá él también ha dicho que sí !!! ¿Ves?... 'VIRTUALMENTE' tenemos tres millones de dólares, pero REALMENTE en casa sólo tenemos un par de golfas y un marica. 
Pues eso, quiero probar ese maldito disfraz de la felicidad virtual. De igual modo, no estaría de más una orden de deportación para Belén Esteban, Ramoncín, J.J. Vázquez, los cantautores burgueses, los Matamoros, Jiménez Arnau, Carmen Martínez Bordiú, Pablo Motos, Terelu Campos and mommy, Falete, Teddy Bautista, Miguel Ángel Rodríguez, Eduardo Serrano, Salvador Sostres, Juanjo Puigcorbé, Marta Sánchez, Bebe, Bustamante, Melendi, Juan y Medio, la suegra de Cuéntame, José Mota, Kiko Rivera, J.J. Santos, Herman Terstcht, Isabel San Sebastián, toda la saga Ostos, Karmele, Eugenia Martínez de Irujo and mother, Victorio y Lucchino, el administrador de la finca de Hortaleza, mis arrendadores, el director de la oficina de Bankinter de Fernando VI,  el euribor, el ex-marido de mi amiga Diana, la ex-novia de mi cuñado Javier, la ex-mujer de mi amgio Juanma, los hijos de mi colega Karim (el inglés), su ex-mujer, y cuantos cabrones por metro cuadrado, estimen necesario. 
Hay otra cosa que me da un poco de embarazo. Esa cosa rara y cursi de la conciliación familiar. Paso alrededor de 10 horas al día fuera de casa de lunes a sábado, y cuando llego a casa hecho unos zorros no estoy para dar mi mejor versión; bebo cerveza y como jamón ibérico de bellota, y hablo con María. Esas son mis grandes satisfacciones. Luego, veo a gente repulsiva en la tele o leo a escritores rusos que ya no lee nadie como Dostoievski  o Chéjov. Algo no está bien. Mírenme este tema por favor, pero no lo hagan con Ana Botella y Letizia Ortiz, ellas no lo entenderían. Por exceso, cuando tengo un día libre como el domingo, de vez en cuando vienen los cuñados a comer a casa, y mi sobrina Claudia disfruta encerrándome en el balcón, y ríe maléfica tras el ventanal, con mi i-phone en la mano. Me tiene tomada la medida, enderécenla por favor, sus únicos intereses en la vida son mi teléfono, mi espalda y mi heroísmo.
Tengan en cuenta, si les parece masiva mi petición, que también les solicito muchas carencias, que vienen a ser demandas de omisión, y que es la primera vez que les escribo, y nací en los setenta; ya ha llovido. Y por último: sepan ustedes que virtualmente soy una pedazo de persona, así que si me dan unas cuantas realidades, igual les compensa, a ustedes, y a la humanidad.  


lunes, 5 de diciembre de 2011

La Bardemcilla, el Esfuerzo y la Obesidad Mórbida.-

Hace muchos años, cuando Javier Bardem era simpático y hacía películas tremendamente buenas y coherentes como Los Lunes al Sol, y Carlos parecía a ratos un narcotraficante, a ratos un cura mexicano, coincidí con ellos en una fiesta en un piso de Plaza de España. Me parecieron buena gente, sobretodo Carlos, con él que me di al whisky con coca-cola y a la literatura y a las muertes ejemplares, su reciente novela, que yo no había leído , ni tenía interés, ni he leído a día de hoy. En otra cosa no, pero en literatura soy muy selectivo, me la juego poco, existiendo John Fante, Bolaño, Dostoievski, Auster (que para mí no está sobrevalorado), José Emilio Pacheco, Gonzalo Hidalgo Bayal, Luis Landero, Dickens, Sabato, Fitzgerald y Allan Poe, valga como paradigma, no hago muchas apuestas. Luego, Carlos dejó de lado su novela y me animó a que fuera a la Bardemcilla. Y fui. Miren, a mí la Bardemcilla me causa cierta repulsión, o mucha, no sé, en primer lugar porque soy rencoroso de los triunfos de los apellidos famosos, en segundo porque esa leyenda de café latino me traslada a Bisbal, Alejandro Sanz y Miami beach, categorías que yo acostumbro a despreciar, y en tercer porque a cinco de diciembre de 2011 no me resultan entrañables ni los destinos ni las resoluciones de la saga Bardem, y no me gusta mucho lo que se come allí, pudiéndolo comer mejor y más barato en la Taberna el Nueve, de la calle Justiniano, por ejemplo. Ah, y otra cosa, no me gusta que los platos se llamen como las películas y que los restaurantes sean como museos lucrativos. Ahora hablaré de gordos.
Segundo desprecio. Me embargó el domingo cierta tristeza, cuando pasé al lado de Casa Labra y vi cuatro o cinco gordos, muy, muy tocinos, pura manteca, con chándal (y ninguno venía del jogging) haciendo cola para comer bacalao rebozado, croquetas y grasa de cerdo. Adoro la palabra gordo y detesto la palabra mórbido, así como el mundo mediático de la gordura. Ni Chenoa está estupenda, ni María Teresa Campos, ni Terelu, ni la Rosa ésa de Operación Triunfo que siempre habla con un mazapán en la boca. Creo que vivimos en una sociedad que compadece mucho al gordo y desprecia mucho al drogadicto, por ejemplo, y no me parece bien. Sentir lástima y alentar a un gordo me parece una injusticia y una putada, primero porque nadie le obliga a ser gordo y segundo, porque no es sano el sedentarismo y la trash food, pero en fin, lo que me irrita y de lo que quiero hablar es de la obesidad mórbida. Sobretodo la demanda de la operación, y el círculo vicioso de la gente que padece esa enfermedad. Más o menos es así: el gordo aún no es berraco pero se cansa con facilidad, y la disminución de la actividad física juega en paralelo con la depresión. Solución: ponerse hasta el culo, compulsión se llama. Se está engendrando un monstruo y hay que reducir el estómago porque la peña está a un tris de buscar las tablas. Reitero: no me malinterpreten; tengo mucho respeto por todas las enfermedades, pero joder, esto me parece un estereotipo de la degradación humana, es decir uno no pasa de 55 a 160 así por así. Muchos kikos, muchos donettes, mucha bollería panrico, mucha mierda, en un mundo donde la fuerza de voluntad y el éxito parecen vivir en extremos opuestos, un mundo donde todo se quiere adquirir a corto plazo, al instante, un mundo donde se disculpa al gordo y el spot de dunkin donuts lo hace un chino anoréxico. ¿Puede haber más falsedad publicitaria? ¿Puede ser más cínico el universo? Me da la impresión de que hay dos tipos de enfermos, los alentadores de gordos, es decir aquellos que estimulan la carnosidad porque la vida son dos días y quieren verlos felices y triperos con un cucurucho de porras, y los mórbidos, que son seres degenerados en  monstruos tremendamente débiles e infelices. Y reincido en el quiz: el mundo sería mejor si el triunfo y el esfuerzo se miraran de vez en cuando a los ojos, y por eso tampoco me gusta la Bardemcilla, por la instrumentalización de una saga que permite mitigar los esfuerzos. Qué le voy a hacer.




jueves, 1 de diciembre de 2011

El Oso de Tous.-




Yo acostumbro a maldecir aquel trágico día de 1985 en el que Rosa Tous encontró un oso de peluche en un escaparate, y sintió tal fascinación que decidió hacerse millonaria a través de los perfiles oseznos, pero eso es principalmente porque soy un envidioso y no le veo la gracia a la vida pusilánime, insustancial y próspera de determinados logos. Entonces me doy a las tribulaciones sin llegar al llanto, y me invade una carencia de no sé qué, que qué sé yo, que poniéndome estupendo llamaré sensatez estética. Supongo que ya han intuido que odio a ese oso, que no sé si es osa, o vive en oros lésbicos, homosexuales o cueros heterosexuales, porque atendiendo al matrimonio, no me dirán que no  parece una de esas parejas donde él parece marica, muy marica, y ella lesbiana, muy lesbiana. Y el oso, inversamente proporcional de valoración estética porque es horrible, frente a la generación de parné, porque el cabrón del oso se vende en unas cuatrocientas tiendas de unos cuarenta y cinco países. 
Entonces convendrán conmigo, que cierto talento empresarial sí que hay, pero como nadie dijo que el marketing fueran sincero, yo estoy muy convencido de que ni siquiera a esa especie de matrimonio hermafrodita les gusta el oso, que todo obedece a unas hazañas personales, a apuestas, proezas y risas generalizadas de toda la compañía, y que están hasta los huevos de él, solo que no pueden desprenderse porque es el oso generoso y les da, y mucho. Aparte, considero que no tienen muy unificada la imagen de la marca; simplemente llevan un camino de disparidad acojonante. Primero, con Eugenia Martínez de Irujo, luego Kylie Minogue, y ahora Jennifer López. Ya me contarán los paralelismos. Igual eligen a Falete el próximo año, que sí parece un oso flamenquito y tunante.
Miren, aunque parezca lo contrario, yo admiro esta gente. Escrutando información me entero de que los Tous se arruinaron por completo dos veces antes de sus ascensos económicos, en fin, antes del Oso. Siguen en Manresa y viven en un chalet de gente más o menos pudiente, pero no de megamillonarios, aunque yo no les puedo perdonar el suicido estético, el holocausto osezno de tanta gente en este país, que no sé que ve en la perversidad de un oso de belleza incierta, que se mercadea y piratea de aquí a la China.
P.D. Ahora viendo la foto, juraría que tiene tetas. Osa.

martes, 29 de noviembre de 2011

Jaime Peñafiel Tiene Criterio.-

Aunque pueda ganarme alguna hostilidad, hoy les vengo a contar que me cae bien Jaime Peñafiel, y que me iría con él a la taberna La Dolores, a tomar unas cañas y unas aceitunas con anchoas, aunque igual le parece  vulgaridad plebeya. Bueno, pues al Palace, que está al lado, a por un trago largo. Por un lado creo que es un tipo coherente y me produce cierto afecto su fragilidad  octogenaria, por otro esa voz entre pringosa, desdentada, segregada y salina, o de mazapán ácido; no me digan que no tiene toda la gracia del mundo. También les confieso que me molaron aquellas ojerizas que se dedicó en combate con Belén Esteban, como púgil ciertamente trémulo frente a ese terremoto tele-cutre, que viene a parecer una frutera renegada disfraza de pija wannabe del barrio de Salamanca. Lo de la mona y la seda, pues con eso. No se si lo recuerdan: No sea demagoga. Falta hacía que le tocasen el cerebro. Usted es una persona que no tiene arreglo. Es usted bastante grosera. A usted le falta un mínimo de educación que lamento que no haya tenido. Con todos los parados que hay en España no sé que está haciendo aquí. Etc. Lo que vienen a pensar buena parte de ustedes y yo. Le vi más frágil que impávido, todo hay que decirlo, pero muy digno en su debilidad, con la voz más hojaldrada que nunca, envuelto en ese agotamiento y esa senectud  que se enfatiza cuando los jóvenes atacan a los viejos, lo cual me produce un profundo asco. Creo que aquel episodio aumentó mi aprecio, por la fragilidad frente a una neurótica jaleada por el público del plató y los soplapollas de colaboradores que tiene telecinco. Pues sí, sí me gusta porque Peñafiel es una especie de marujo intelectual con una guindilla en cada sentencia y una pesadez que se hace liviana, y a menudo confortable, aunque seamos veraces, como padre o marido, igual resultaba algo coñazo. Por eso tenemos la suerte de verlo de vez en cuando. 
Ya saben algunos de ustedes que no tengo mucha querencia monárquica, y precisamente por ello no me exonero de opinión. Miren, yo creo que el gran fallo borbónico viene a ser la merma de la libertad de prensa, que siempre les ha molado la rotativa de las estampitas y los periodistas amables, el buen rollo, el barco, los esquíes, los niños, las regatas, la pose de prole próspera, y eso les perjudicará a largo plazo. Precisamente en esta época de brete y recesión, al pueblo le jode más que nunca que le vendan las excelencias de la familia real. Y ahí sale mi Peñafiel, con esa quisquilla de culo inquieto, bien pesadito, opinando con enjundia, porque a él le vale más su propio dictamen que cualquier reportaje de corona. Para eso es bien caprichoso y anda sobrado. Es evidente que Letizia le cae mal, rematadamente, principalmente por afanes protagonistas le leí en una ocasión y porque no, porque Jaime es un purista, y una consorte no ha de buscarse tanto el personaje, y el Rey, más o menos le mola, y creo que Urdangarín entre poco y nada, y es obvio que le alarma la vulgaridad de la corona desde el punto de vista institucional, aunque también es patente que le convienen ciertas contrariedades para hablar y sacarse su jugo de mazapán ácido, porque, queridos, Peñafiel es un freak del puritanismo monárquico, un hombre de otra época, un melancólico, que tiene criterio, y eso es lo que yo admiro y no comparto.
La fidelidad a una idea.



domingo, 27 de noviembre de 2011

Pequeñas Cosas.-






A veces parece que no me dedico a lo que me dedico, la moda, que ya saben, es un mundo veleidoso, frívolo y exagerado, y no es que yo sea un transcendental de la hostia, que no lo soy, pero sí me gustaría hacer unas precisiones. Para empezar, me voy a permitir un matiz cursi de un poeta libanés, de nombre Khalil Gibran.En el rocío de las pequeñas cosas, el corazón encuentra su mañana y toma su frescura. Afectado y bucólico, pero mola. Miren ustedes, a mí la vida de los demás me importa bien poco, aunque a veces haya parecido lo contrario en este trabajo de bitácora que yo me he impuesto. Pero, a ver si me entienden la dimensión que les quiero trasladar. No me interesa mucho la vida de los demás cuando me la cuentan, es decir, por un lado no me interesa un carajo la gente que no ve otros intereses que no sean los suyos, y no me interesan aquéllos que se creen el centro neurálgico del Universo, como si el mundo conspirase para su éxito. No, por un lado no me aportan nada las chorraditas metafísicas de Paulo Coelho de complots planetarios y sueños, y por otro, no me resulta interesante la peña que tergiversa la conversación hacia el diálogo esteril, que desencadena un discurso vacuo para rellenar unos minutos de tu vida con sus éxitos personales, como tener un abrigo de Woolrich o haber vivido en Minnesota, y que todo gire en torno a una puta parka y una paranoia norteamericana. A mí me molan mucho los fracasos, las hostias de la gente y las maneras de levantarse. Sí, creo que nos une mucho más la derrota que el triunfo, y además, la trastienda del desastre es mucho más divertida, y más proclive a la identificación personal. De esta forma, les quiero decir que discrepo bastante de la grandilocuencia, sobretodo si es absurda, que hoy vengo aquí a renegar de las vidas triviales y desérticas reconducidas a la proeza y los blowjobs.
Disculpen, pero ya ven que no puedo con la vida contada al estilo pomposo y con las mamadas a cambio de. Yo sé que el encanto de las pequeñas cosas, y el disfrute de la vida real es un placer confidencial de gente como ustedes. Ay, caray que grandes son las cosas pequeñas. Explicar grandes cosas con palabras pequeñas, que decía el maestro Sábato. Pues ahí lo dejo. 

jueves, 24 de noviembre de 2011

Un Borderline y un Vidente.-

El martes fue un día especialmente excéntrico y borderline. Primero fueron los gitanos rumanos, con la camiseta del Madrid y el chándal. Disculpen cualquier sensibilidad aquellos hermanos de la igualdad, pero sin ser especialmente chauvinista y careciendo mi persona de cualquier textura xenófoba, no hay que ser demasiado listo para ciertas intuiciones. Y yo creo que ustedes lo saben, que no venían a darme las buenas tardes en la Divisa Hortaleza y a pulir la Visa Oro.  Que igual venían a pulirme a mí pero a hostias, y arrasar con alguna mercadería para el mercado negro. Pues sería la adrenalina, o la presión hemostática, o qué sé yo, pero les invité a irse a la calle. Que no , que no tenía regalos, ni estaba capacitado para vender en ese local, que se fueran, que mi jefe me tenía extremadamente limitado y que no podía vender, solo vigilar, más o menos que yo era una especie de borderline que habían puesto allí en plan vigilante medio retrasado, o eso, borderline.
Salvado el peligro cíngaro, llegó el vidente. Una categoría de Sandro Rey a lo cutre. Que ya es. Imaginen pues. El pelo negro azabache,  esa melena frita horrorosamente lacia y ese rostro curtido de profeta de la tele. La vida del timo. Ya les digo, yo ese día debía tener cara de borderline. Otro que resucita muertos, inventa enfermedades, pronostica cánceres, y cultiva perlas de este pelaje: vas a tener algunas adversidades y la vas a superar fácilmente, pero con otros problemas  no vas a poder, a no ser que luches...Veo un acercamiento a tus seres queridos, pese al distanciamiento anterior. ¿Usted ha tenido una enfermedad? ¿Verdad? Claro gilipollas, no me juegues al ambiguo, claro que me he vivido distancias y cercanías, y he padecido alguna enfermedad, y he tenido problemas. Como todo dios. Y como ya va siendo antediluviana todo esta parafernalia de explotar las miserias de los ingenuos y los borderline (no me digan que no es bonita esta palabra b-o-r-d-e-r l-i-n-e, borderlain, significado equívoco, infantas, duques, barones, pero de sonoridad tiene una estética irreprochable), pues eso, yo les presagio que la videncia puede ser nociva para su salud y para su cartera, y si marcan ustedes un 806 para hablar con Sandro Rey, pues que les voy a decir, ustedes son borderline. Por supuesto, no le di pie ni a que me entregara su tarjeta, pero sí es verdad que me cooperó a que yo escribiera este post de borderlines y médiums arribistas.
Sandro Rey se autoproclama en su web "sensitivo, vidente, tarotista, médium y brujo". Ante cualquier incertidumbre borderline, nos dice esto: "Si queréis hacerme peticiones para la salud, el amor, el dinero, el trabajo, el sexo, las amistades, la familia y otras cosas, sólo me lo tenéis que decir, los resultados son inmediatos". Nadie se hizo perverso súbitamente, decían por ahí. Bendiciones y buenas noches, como decía aquel borderline adivinatorio. 





martes, 22 de noviembre de 2011

Zapatos de Goma y Tipos Gomosos.-


Es un restaurante argentino de cierta jerarquía, con metre, jefe de barra y una escuadra de camareros que parecen robots y se mueven con una diligencia autómata y sonríen hacia dentro, como si fueran máquinas controlando la tristeza. Hay cien mililitros de gomina repartidos en dos cabezas y una pelambrera rizosa, de tres hombres más o menos jovenes, más o menos ridículos, más o menos impúdicos, gomosos, grotescamente exagerados, como si fueran prolongaciones poligoneras de los timadores de Marbella y el Pelusa.  Huele bien, o mal, no lo tengo claro, pero no es colonia cara, quizás deportiva, agua fresca de ésa o como se llame, y los trajes tienen esa holgura mala del Cortefiel o el Springfield. Los zapatos suenan como si llevaran adherencias adhesivas, gomosos y fardones pero feos como la madre que los parió. Y ahí llegan los camareros, tiesos como un playmobil, con el único gesto que tienen los camareros del restaurante argentino, esa melancolía dominada del emigrante. Estoy comiendo a su lado. Ellos hablan. Uno tiene la voz metálica, muy afilada al final de la frase, cierta sonoridad chirriante, como si hablara una cuchilla de afeitar. Curiosamente se parece a Maradona, esa cara de marioneta mitad oronda, mitad soberbia y esa melena estoica arraigada a las últimas arrugas de la frente. Otro tiene voz de putero, la afonía del crápula, la ludopatía, el whisky, las barras americanas, el winston, el bingo, la construcción. Pide, sin miedo coño, lomo alto para tres, al punto, sí, con patatas fritas, y tres criollos, y una botella de cune, será por dinero. El tercero es el comercial, él que nunca calla, el tipo de la última palabra, cubatero, golfo, zorro, con movimientos de saurio. Ahora se escuchan risas, más bien mucosas, nasales, risas líquidas, de flema. Todo por la secretaria, que se ha puesto por tetas un par de balones de basket, y tiene un culo sin curvas, cero órbita; acaba la cintura y sigue el culo, igual, en equidistancia, más bien escurrido, dice el putero. En ese momento, me vienen a la mente Dolly Parton e Isabel Pantoja, por una cosa y por otra. Coño, hay que decirle que se ponga culo, que así no vendemos un puto seguro, es la primera que ven en la oficina, hostia. Vuelven las risas y la segregación. Dan ganas de comer con mascarilla. El asunto se hace público ante tanta negligencia. Se han crecido con el vino. De fondo, el tintineo grosero de los cubiertos, como si estuvieran comiendo cuarenta legionarios. La charla sigue miserable, no por el tono sórdido de censura a la pobre secretaria, sino porque los hijos de puta no dejan títere con cabeza. No son críticas ligeras y sin hiel. Van a cuchillo. Ya lo tengo: son ese tipo de gente que venden a su madre por un puñado de plata, les gusta el dinero, la apariencia. Buscan un final glorioso y disimulan cierta psicosis a hostia verbal. Miren el final: pagan a escote con tres tarjetas de crédito, extraídas robóticamente o tal vez como el torero toma el estoque (tiene mucha gracia). Propina cero. Los tres le dan una palmadita en el hombro al metre, y luego caminan hacia la puerta con las piernas arqueadas, como si tuvieran los huevos escocidos,  reumáticos, prostáticos. Maradona parece medio cojo y los zapatos de goma chirrian sobre la madera. Son categóricos, duros de palabras. Suena una black berry. ¿Conrado? Mira, dile a Marcial que se meta por el culo la póliza y el siniestro. Zapatos de goma y tipos gomosos. Pues eso, que no somos un país guay, I+D, que esos chavales del siglo XXI vienen a ser la cantera de los trepas. Aquellos arribistas de Marbella. Se lo digo yo.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Hoy Hablo de Divisa.-






Me dicen que debería venderme más, que hay que buscar nuevos clientes. Me lo dice mi proxeneta, que parezco una meretriz altruista. Una puta sin oficio ni beneficio. Que no le doy mucha repercusión cyber-social a los negocios, que hay que colgar las fotos de las tiendas en el muro, que si no lo hace Estrella no lo hace nadie. Y decir Finished Stocks, Love :-))) (porque ahora todo se dice en inglés y con sonrisa, darling) para crear expectativas a la gente, y que descuiden su vida y su tiempo por una carrera de fondo a las Divisa, y comprobar in situ ese exterminio existencial, que Divisa ha arrasado y la mercadería ya tiene vida propia en los cuerpos de las mujeres del Universo, porque somos internacionales, y estamos representados en más de doscientos países. Pues sí, hoy me voy a vender; tanta chorradita de janpath y broadway, de paranoia literaria, y de crítica resentida, y de novelita ácida.  Hoy vengo a decir aquí que existen Oriol London, Bonsui, Becksondergaard, Starkefashion, Designers Remix Collection, Divisa Collection, See u Soon, Rules by Mary, Dr Denim, Morphe, Edtih y Ella, etc, y que el universo es mejor desde que existimos nosotros, que tenemos el mejor equipo del mundo posible, con María, con Estrella, con Luna, y conmigo, joder, que me estoy todo el día batiendo el cobre para orientar el bulevar correcto del estilismo de este país. No nos preocupa nada más allá de que ustedes se vayan con una sonrisa y nos cuenten su vida. Somos sus psicólogos, sus consejeros, a veces sus psiquiatras, sus estilistas (odio esta palabra, pero no encuentro otra), sus amigos. Si  les pica la curiosidad y quieren rollo celebrity, les diré que Leonor Watiling, Kira Miró, Blanca Romero, María León, Lourdes de Russian Red, Miren Iza de Tulsa, y otras muchas no solo han quedado rendidas ante nuestro diseños, sino que los han comprado y han vuelto cuantas veces haya hecho falta, porque su vida cambió con esta torre de babel que hemos construido para que ustedes toquen el paraíso. Yo no sé que tienen ustedes que hacer esta tarde, pero guárdense un hueco y vengan a vernos, y verán que no es tan falsa la apariencia. Al fin y al cabo, como decían Picasso y Cioran, el arte es una mentira que nos acerca a la verdad, y una forma de talento, y esos tíos eran muy, pero que muy listos. Y la moda ya ha quedado suficientemente contrastado que es una mentira muy gorda. Pero mola. Sobretodo si es buena. De verdad, nosotros la tenemos.


Argensola, 2.
Hortaleza, 102
28004 Madrid


miércoles, 16 de noviembre de 2011

Sigue Adelante.-


Todo puede ser peor. Siempre hay tiempo para que les obliguen a leer un libro de César Vidal y siempre hay tiempo para morirse en una mala hora como cenit de una mala noche, última estribación de un mal día. No se suiciden si su deuda es inferior a los 5.000 euros. No, no caigan en la vulgaridad de suicidarse por dinero. Les harán usted a sus allegados una doble putada y les duplicarán el déficit, consecuencia del mantenimiento del débito y el desembolso para que usted tenga un funeral. No sean cabrones. Además, siempre se le quiere mucho al muerto, y se hablan excesos de la pérdida irreparable, que no deja de ser una reiteración inútil, una situación congénere en cuanto que toda pérdida queda sin remedio. No les vengo a decir aquí que la vida puede ser maravillosa, que eso ya lo dijo bastante Andrés Montes y no le fue bien. De hecho, ya no está aquí, por una serie de intrigas que circulan entre el suicidio y el infarto de miocardio. En fin, por favor, ni por 5.000, ni por 50.000, ni por un miserable contrato, ni por nada, no le haga usted ningún favor a la Seguridad Social, ni me sea conspirador de ese tipo lúbrico y babeante llamado Salvador Sostres en sus teorías de la limpieza del mundo y la supervivencia de los mejores. Crean en algo, un par de tetas, un equipo de fútbol, literatura, futuro, ginebra. En dos palabras puedo resumir cuanto he aprendido acerca de la vida, que hemos dicho Lee Frost y yo: Sigue adelante.
No sé si están al corriente, pero el suicido se ha convertido en la primera causa de muerte no natural en nuestro país, por encima de los accidentes de tráfico. Pero claro, es una cosa fea en un país que precisamente tiene en el puritanismo la inmoralidad. ¿Tienen algo qué decir de este mutismo mediático-político-social en torno al suicidio? Porqué  nadie ha dado en el clavo en los últimos dos mil años. Les digo lo que pienso de las tesis conceptuales: el suicidio no es ningún delito, ni por supuesto pecado, ni ha de ser una afección mental, que es la última corriente. También aprovecho para echar por tierra la teoría de Chesterton: "El suicida es el antípoda del mártir. El mártir es un hombre que se preocupa a tal punto por lo ajeno, que olvida su propia existencia. El suicidia se preocupa tan poco de todo lo que no sea él mismo, que desea el aniquilamiento general". Mira Chester, vas y se lo explicas a un yihadista, te tomas un té con él, llamáis a Osama y os pegáis una tertulia de ingratitud y egoísmo en el Janah. O bien le diré Sir, que uno puede morir conscientemente, por diversos móviles, amor no correspondido, asuntos de Estado que carcomen las tripas, muertes paralelas, cercanas, desahucios, soledad, destierro y sobretodo, tristeza. No me sea tan guay. No me generalice la vida, ni me equipare la muerte. Digamos, las tribulaciones del suicida.
No sé a ustedes, pero a mí me han entrado unas ganas terribles de tomarme una cerveza Alhambra, comerme unos chipirones a la plancha y acabar con un gin-tonic de Martin Miller´s. O dos. Sin pensar. Sin hablar. 


martes, 15 de noviembre de 2011

Convulsión Terelu.-

noticias mallorca Terelu Campos se desnuda para <i>Interviú</i>


Nuestro país se convulsiona. De cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa, que decía Machado. Ya no es mi Victoria Abril, ni mi Victoria Vera, ni mi Marisol en septiembre del 76, en esta España bipolar e inflexiblemente bipartidista de los desmanes financieros, el torrezno y la medalla olímpica en recesión. Yo hubiera llamado a Monica Bellucci, para incitar al consumo de calidad e incrementar nuestro sentido de la armonía, pero igual era el lugar equivocado, este país que adora la carnaza y los neumáticos cultivados con photoshop. Supongo que ya lo saben. Ha salido Terelu Campos en Interviú, posando a lo Birgit Bardot, salvando las perennes latitudes, es decir una distancia interplanetaria. Pero para un país de panceta y pensamientos lúbricos cafres y  urgentes, igual está bien  Terelu para un desahogo. No sé si me entienden, más o menos es así, le hacemos el amor a la Bellucci y nos follamos a la Campos.
En fin, Interviú fija su objetivo en las propensiones más vulgares de la naturaleza, es decir, eso que todos sabemos, el instinto primario, las blowjobs, los dirty-talk y el worship. Vamos a ver, para que no haya sensibilidades heridas, me lo ha comentado mi amiga gafapasta, cool, progre y moderadamente bohemia: Terelu pone cachondos a los tíos y la linea de flotación de sus cubiertas flexibles es el sexo sórdido. 
Luego están las fotos, artísticas y cuidadas, las llaman. Me hace gracia la trascendencia que ponen los famosos cuando creen estar hablando de arte. Ni que fuera un Paul Klee. Y ahí está Terelu, con cara de fuckme, tapándose las tetas, como si estuviera sentada en el suelo de una ferretería sobre unos ridículos corchos, esperando que el mozo de almacén le saque la llave inglesa. Más razones para el emigrante.


lunes, 14 de noviembre de 2011

Miss España y la Resaca.-




Pues eso, yo no había muerto, estaba de parranda. Simplemente me había quedado dormido en esa playa de Sanlúcar de Barrameda frente a esa especie de mar pantanoso que no asusta a nadie. Me despertó Miss España. Yo siempre he pensado que una vez en mi vida, hará unos veinte años, estuve liado con María José Suárez, aquella Miss del 96, pero no lo tengo muy claro, por culpa de las distorsiones, por esa mierda de alcoholes con sabor a veneno y azufre que ponían en los chiringuitos de playa y por las transfiguraciones que les hacen a los famosos, para vender el producto. Ya saben. Sé que era de Coria del Río, y que era un calco físico, y una reproducción rústica de la más guapa, y precisamente ese es el matiz que me deforma los hechos. Mi chica por un par de horas, del noventa y tantos, era incapaz de pronunciar la ese. Tenía una tendencia dogmática al ceceo pero con mucha cercanía a la periferia de la zeta. Zí, ezo zeguro, zomó tré shavala en caza. Etc. Vale, entonces a lo mejor no era, porque esta shavala, Suárez, ya no habla de esta suerte, o tal vez nunca lo hizo, pero prima zeguro. Tampoco es que Coria sea Manahattan. Ahí pondría la mano en el fuego.  A María José no la volví a ver, o quizás he estado viéndola todos estos años en la tele. Hablo esto porque el otro día me monté en un autobús civilizado de Madrid, y me vino de repente el trayecto en el mismo transporte, de vuelta a la casa de Astaroth tras la juerga sanluqueña, en aquel amanecer resacoso de siglo pasado. Recuerdo la densidad, y la viscosidad reconcentrada, unas sudoraciones de pipas y maíz, y el aroma a tabaco negro, cuando aún fumaban en los autobuses, y cierto delirio colectivo de una agrupación cani, unos farruquitos que iban a cantar en una feria, y comían y hablaban con los kikos y cáscaras en la boca. Igual eran los marismeños, o los marcianos de la fragua, o su puta madre. Yo creo que me echaban el humo a conciencia y que hablaban escupiendo ex profeso y para joder. Supongo que en un momento dado, me eché mano a la cartera o hice algún gesto de tremenda resaca o de sincera inquietud, y uno terminó por apoyar su culo en mi brazo derecho. Sentada a mi izquierda iba la abuela. Sí, ellos tenían una vieja que gritaba a intervalos más o menos regulares, y había entrado avasallando como si aquel día de agosto del noventa y tantos fuera a acabarse el mundo. Lo he visto mucho eso, en los viejos, por cierto. Recuerdo que comía compulsivamente unos churros fríos con los dos o tres dientes que tenía y hacía un ruido de mil demonios, como si estuviera comiendo un mouse de babas. Reconozco que me dio asco, y aparté mi brazo del culo del farruco, para salir de aquel clan de extrarradio chungo, y huí con ciertos laureles por haberme liado con María José Suárez, y por ser educado, y me creí hijo de la burguesía, cuando nunca me había creído burgués frente a los hijos de la burgueses. En un asiento de adelante vi a un señor al estilo Vizcaíno Casas, leyendo el periódico y cagándose en los muertos de aquellos cíngaros y le avalé con un ridículo gesto de aquiescencia, echándome cincuenta años sobre las espaldas.
A la tarde siguiente, con ese vacío existencial que deja el reposo de la resaca, seguramente me creí novelista, un Sábato cualquiera sin talento, y un poco Ernesto de Hannover, el príncipe cirrótico,  con dolor de cabeza,  por pura ingenuidad, y me vi reforzado de burguesía tras María José y el autobús, pero después supongo que vi a unos cuantos pijos  hablando de la cofradía, el botellón y el Sevilla, y se me echó todo por tierra. Ellos eran los burgueses, creo yo, y María José, por descontado, evolucionó y empezó a hablar bien. Y se hizo moderna, y burguesa, y  meretriz del Hola. Era el objetivo.






sábado, 12 de noviembre de 2011

El Hermano Luis y Urdangarín.-





Creo que en el cole nunca se fiscalizaba el dinero del Domund. Se iba uno de ronda a saquear los monederos de las viejas y los papás, y entregaba el botín al Hermano Luis. Nunca nos hablaron de la comisión de investigación, ni de interventores de aquellas huchas naranjas (si no recuerdo mal). Entonces se hablaba de Dios, del demonio y de los verbos irregulares. El Hermano Luis era austero y parecía el portero del colegio, con pantalones de tergal, camisa de polyester y zapatos de agujeritos, aunque fuera el profesor de lenguaje . El Hermano Luis repartía hostias como panes,  daba capones a cuatro nudillos y hacía sobres con el dinero del Domund. Él era el puto amo, juez, fiscal y secretario de Dios, y no robaba porque no le gustaba el dinero y era pecado, y si lo hubiera hecho, no nos hubiéramos percatado, porque vivía como un pordiosero de cara al interior y al exterior. Matices de las cercanías de Dios, y de ser más listo que todos esos exuberantes paletos, que roban y compran Mirós, Mercedes y mansiones, y asesinan los verbos irregulares, y dicen de que y lo que. Lo malo, que le podía la mala leche y tenía la hostia fácil, pero su honradez la estimo como verídica. El Hermano Luis no tenía ambiciones, salvo la oración y hacer un corro de conjugaciones verbales, con una regleta en la mano para enmendar el error gramatical. El Duque de Palma es pura ambición. Don Iñaki no habla de dinero como hace la gente bien, pero...
A mí Urdangarín nunca me ha caído bien. No me gustan los héroes olímpicos reinventados en nobles, y no me gustan los caraduras con cara de querubín (vale, guapo, pero cándidamente hermoso, he ahí el peligro). Bueno, ninguno me hace un tilín especial,  lo siento, no me gusta la familia de ese Rey que quiere prensa de estampitas y cromos; ya sabemos que se cabrea y le quieren clavar un pino a la mínima incontinencia de la prensa amable. Menudo disgusto ahora, con el lío de Urdangarin. Por un lado, que nos expliquen algo sobre la mansión donde plantan los pinos él, Cristina de Borbón y los cuatro nanos. Cómo pagaron los doce millones de euros de los 1.100 metros cuadrados en un barrio chic de Barcelona. Todo a consecuencia, obviamente, si no ni nos coscamos. Ya lo saben: desconozco si cuando aparezca este post, el duque de Palma habrá dado lugar a una aclaración de los hechos acaecidos en el Instituto Nóos. Una fundación sin ánimo de lucro (pero con coraje monetario) donde de la noche a la mañana se han esfumado unos cuantos de cientos de miles de euros de dinero público. Con la que está cayendo. Venga, a ver quien tiene huevos. ¿Saben? En derivación, y como secuela dañina de lo anterior, me preocupa, y estimo que no está en los programas políticos de ningún partido, el color mate de las arcas donde se depositan los fondos asignados a la Corona. En fin, el decolorante, que no está. ¿No son Presupuestos Generales del Estado? ¿No hay comisiones de investigación en los ministerios? En la Casa Real, no. En mi colegio, tampoco. Pues eso. Y lo otro, la fundación.
Entre la letra con sangre entra, y la letra (de cambio) penetrando, dada la sangre, hay divergencias.



jueves, 10 de noviembre de 2011

Partido del Destierro: Erecciones Generales (o generalizadas).-




Evidentemente la lista sería dilatada y tediosa, cual si esta nómina de gente estéril y accesoria se llamara María Teresa Campos. Hemos tenido nuestras reticencias con Paquirrín, pero como el pasado pesa lo suyo, y a su vez, es profeta del futuro, sisando a Lord Byron, no queda inmune de la concesión de tarjeta de embarque a Uzbekistán. No hay dispensa que valga. En lo que se refiere al resto de personajes la decisión es inapelable. No quiero que tachen esa inexorable contundencia de anti-democrática. El daño está hecho, y la vida nos la han jodido. Y bien. 
Habrá nuevos arrestos y en consecuencia, más aviones fletados allá donde Cristo perdíó el mechero en sus rutas por Asia Central. 
Se admiten sugerencias.

martes, 8 de noviembre de 2011

La Gente de mi Novela.-


Ante las peticiones de unos cuantos amigos, y una solicitud editorial, aprovechando la coyuntura:
Helio Arista:
Profesor de literatura. Siempre en la controversia, como en toda vida que se precie de perra. A veces en el carrusel de un hamster. A veces en una montaña rusa. Vive dentro de la novela para encontrarse, y disipar su nueva convergencia con una nueva perdida. Sufre las embestidas de las visionarias marianas, las poetas de la tragedia, los adolescentes malditos del lumpen y las mujeres lejanas (aquellas que fueron y ahora no son, y aparecen purificadamente bellas con el devenir de los años, cual si fueran heridas de catarsis). Acude algunas noches al Dorian, un local vivo a base a deshechos de felicidad y música de amor vengativo, a beber licores infames y agitarse entre la chusma. Desgraciadamente en estos lugares, el tema, echar un polvo y consolarse, está asegurado. Consecuencia de la miseria de sus habitantes. Los vencimientos del placer, corto plazo.
Por encima de todo, un objetivo: salvar a su padre de los estragos de la ginebra y la muerte de mamá. Los efectos: caminar por el ancho mundo y beberse las botellas de panacea dispersas por el Universo.
Helio Arista (Padre):
Jubilado, solitario y gruñón renovado por la tragedia. Surca los mares de una autodestrucción consciente, y malvive entre la comida china, los gin-tonics y un programa infantil de una especie de pornstar de los Cárpatos. Y los recuerdos, demasiado buenos para haberse fulminado, y perniciosos para la buena vida. De vez en cuando se hace unos kilómetros en bicicleta estática, y siente los impulsos de salir del laberinto chungo, aquel atolladero de su propio destino. Más allá del fondo visible, las apariencias de su funesto universo, aparecerá París con sus razones.
Nicolás de Vinarés:
Trasnochado del mundo, y herido en proceso de curación del arcaico pasado, los años de la trampa, la vida excesiva, las mujeres, el hampa, Jonathan y las putas de carretera. Emprende viaje a París desde la cárcel del Puerto de Santa María, buscándose las exenciones de la libertad. Una especie de expiación contradictoria, que es un inicio de vida, una oportunidad existencial, para rastrearse aquella madriguera oculta de su vil existencia e indagarse un espectro metafísico. En paralelo, un bicho royendo sus entrañas, un anticuario francés, una novel meretriz del Caribe, un suicida cirrótico, la búsqueda de un cementerio bonito, una banda con los Helios y muchas brasseries de bálsamos añejos.
Beatriz Aldaba:
La poeta de los desastres reconfortada con la publicación y la notoriedad de la catástrofe. La chica de los brillos dorados a golpe de pulso lírico-trágico.
Carlota Torrisi:
La ninfa reciclada, que en aquellos tiempos, siendo novia de Helio, follaba hermética y sigilosa con el gurú del Rajastán, Punnat Gullatti, entre otras cosas, el hombre que desterraba el alcohol de su cuerpo con unas extrañas introspecciones hinduistas que llamaban meditación, y Carlota simpatizaba. Años más tarde, la metafísica hindostánica y Ganessa fueron desterradas por un viril marqués de Santander. Retomando las sombras del pasado, Helio, en las reapariciones clandestinas.
Patricia:
La niña que veía a la Virgen.
Olías el Capo:
El muchacho armado del polígono, por encima del bien y del mal, estéril de cualquier tipo de interés didáctico, víctima de sus propios demonios, pariente de Lucifer. Caminante del lumpen.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Talento y Crisis.-


No tengo mucho que decir. No estoy nada onírico. En primer lugar porque mis dóciles musas se me desvanecen en estos finales y primeros de mes, que es cuando a mí me vienen las hostias bien dadas, y la vida tiene más cara de perra que de vida. No obstante, yo siempre recibo ligera la inspiración, o la musa, o el numen, o como quieran llamarlo. A mí esas vainas no se me sedimentan en la piel y me depositan unos vocablos alienados con unas palabras. No. Me tengo que sacar hasta los tuétanos. Cavilar, hablar solo, salir al balcón, dejarlo, tomarlo, salir, entrar. Pues eso. Me voy a la calle a fumar un cigarro. Me asalta una pregunta: ¿Es verdad que en tiempos de crisis aflora el talento? A mí eso de la perspicacia o la clarividencia artística, me cuesta un huevo y parte del otro, y aún así, cuántos tiros quedan fuera de linea de flotación. No tengo muy claro que es eso del talento. Me gusta lo de Balzac, su correlación entre voluntad y talento, y esos corazones rotos o curtidos en épocas de recesión, pero mi postura es que en tiempos duros se vende bien el talento, consecuencia de la existencia de pocos postores, desenlace a su vez de la baja demanda, y efecto final de los barros que trajeron consigo los lodos. Es decir que no compra ni dios y no apuesta ni Perry. Hay que delatarse con cierta arrogancia, modelarse un patrón de puto amo, de imprescindible para el proyecto. Venderse. Los resultados pueden ser catastróficos. O no. Lo otro ya lo saben, la burbuja inmobiliaria dando de mamar a la corrupción y la especulación, pero de eso ya hemos hablado bastante.
No Pain No Glory. Lo entendimos tarde.
Una vez en Salamanca, me dijo una poeta de la tristeza, que hacía unos versos donde se mascaba una tragedia con olor a pescadilla podrida (vale, es una reverberación del que suscribe, que por muchos motivos encadena putrefacción con dolor) que ella necesitaba estar reconfortada para hablar de la catástrofe, aunque siempre hayamos pensado lo contrario, que era necesario estar de puta pena para hablar de un cuervo fatídico, un suicida y unos sufridos espectros infantiles. O de cualquier paranoia de estas monomaniáticas de la desgracia propia o forastera. Pero coño, tenía cierta razón,  un espíritu (para aquél que gaste de eso)  inquieto y desvelado por los hard times, podría tener inseguridades, temblores, y resultados chungos. Y luego está el debate, y ustedes dirán que en esas controversias del alma se pueden lograr buenos efectos, que Poe, estaba todo el día hecho unos zorros y narcotizado, y fue maestro universal,  que Suave es la Noche, nació de la tragedia personal de Fitzgerald y de su fracaso con Zelda, y que De Profundis fue una epístola narrada en una cárcel, tras la condena de Wilde por indecencia y sodomía. 
De acuerdo, no nos aclaramos. ¿Talento y bienestar general?. ¿Talento y estar jodido?
Y si existiera espesura, ya les aviso, que a mí la crisis me provoca este follaje léxico.

martes, 1 de noviembre de 2011

El Audi de Torrebruno.-




No sé si el tipo era más simpático que payaso, o más amable que bufón. Pero eso fue al principio. Hablaba como Torrebruno, esa desagradable mezcla entre italiano y portoriqueño, y la molesta sensación de hablar con la boca llena de mucosidades y era un teleoperador de Ni Puta Idea. Me había tocado un Audi A4 FSI con motor de inyección directa de gasolina. Le pregunté que donde lo podía recoger y me dijo: espere, espere, caballero, no se demore, hay unos trámites previos a la entrega de su fantástico coche. Nada menos, había que morirse. Mientras, me lo imaginaba igual a aquel enano, Rocco Walter Torrebruno, al que nunca le pillé el chiste. Lo veía con un pantalón a la altura de los pezones, con la raya muy marcada a la derecha y con esa cara de humilde saltimbanqui que gastan los cómicos de los años setenta (Joe Rigolí, Torrebruno, Bigote Arrocet, etc).  Llegó la diligencia. Ya sabe usted, señor, Dios quiera que no le pase nada, pero la muerte le puede pillar con los pantalones bajados (se permitía estas licencias) , hay que pensar en ello, usted tendrá una mujer, una familia, imagine que le pasa algo, seguro que tiene algún ejemplo cercano y vio como habría sido necesario un buen seguro de vida, de garantías. Yo no tenía intención de morirme en los próximos cuarenta años (madera, madera) y el tipo me quería hacer un seguro de vida por valor de unos trescientos euros anuales. Después me darían el coche, o a lo mejor el coche me lo entregaban después de muerto, si mi fulminante expiración fuera consecuencia de un accidente de tráfico o de una enfermedad. Si había un suicidio, o una catástrofe estilo terremoto, no había coche, ni dinero. Interioricé un váyase a tomar por culo, pero no lo escenifiqué. ¿Usted a qué se dedica? Le dije que era torero, y que se pusiera en contacto con mi apoderado, Manolo Buenavista. Entonces debió pensar que le tomaba el pelo, y noté que se aclaraba la voz con un vaso de agua de los ríos de Puerto Rico. Mire, piénselo bien, las personas designadas por usted recibirán un A4 y 600.000 euros. Le pregunté que cuantos audis a cuatro había y cuantos cientos de miles de euros. Depende de la prima, caballero. El payaso se iba apagando. También el amable. Me lo dijo muy flemático, casi insultantemente tranquilo, con tono de última oportunidad. A continuación, le comenté que lo pensaría, que no lo veía claro. Usted verá lo que hace. La frase sonó funesta, amenazante, y me pareció que me estaba llamando gilipollas con cierto razonamiento. En fin, estuve pensando un rato en su táctica, en aquella descendencia de la farsa simpática a los rigores finales, pero me siguió recordando a Torrebruno y a algunos cómicos de los años setenta, que se quitaban la mascara fuera del escenario.
Esa noche tuve un audi A4 y una dehesa con ganadería brava. Conducía despacio viendo mis toros. También soñé con Antoñete. Y con Torrebruno.


jueves, 27 de octubre de 2011

Un Palo por el Culo y un Pub Irlandés.-



La idea viene de Gadafi. Pienso de vez en cuando en la muerte, principalmente porque estoy en el bombo y porque me la retransmiten por internet y los periódicos, siendo la muerte  una cosa muy sensacionalista. Y porque llevo algunos muertos a mis espaldas. Tampoco me procuro muchas reflexiones porque puestos a pensar, será ella quien piense mí y me dedique sus últimas palabras, en ese tránsito de urgencias diarias que tiene la muerte, y puestos a pedir, que no me agarre con un palo en el culo  (Gadafi) o me desprenda del casco (Simoncelli), o me desaparezca (ya saben), aunque dispuestos a una segunda pretensión, prefiero volar y desnudar mi cráneo que palmarla con previos de sodomización y ultraje, o con el imprevisto de que no me encuentren en varios años a la redonda. Vale, ni una cosa, ni otra. Pero entiendan que la peli snuff de la sangre negra, la mucosidad, los gusanos, el pus, el morbo, la mierda y el palo en el culo, que han hecho con Gadafi ni la quiero para mí , ni la deseo para cualquiera de los hijosdelagranputa que tenemos por vecinos en el Universo. En fin, voy por mal camino, yo que había venido aquí a descojonarme de la muerte, antes de que ría ella por última vez. Les cuento.
La otra noche estaba en un pub irlandés viendo la segunda parte de un partido de Champions League, y me pareció que estaba pisando la cartera de algún despistado, cuando realmente estaba pisando la mano de un  hombre colosal que había quedado desorientado de por vida. Era el despiste eterno. Sí, se me murió en los pies un toro blond de doscientos kilos, y nadie supo porqué. Todo el mundo se encogió de hombros, y puso pies en polvorosa, que es lo que sucede cuando se te muere un desconocido en un bar. Que todo el mundo se acojona,  tiene prisa, y se va sin pagar. De repente, ni eres cliente, ni eres habitual, ni puedes partirle la crisma al camarero o exigirle una hoja de reclamaciones porque te hayan echado un jugo de hongos venenosos en la última pinta de Guiness de toda una vida, que es una desgracia muy grande, aunque peor hubiera sido un palo en el culo. Luego llegaron en este orden: dos ambulancias (no hubiera hecho falta ninguna), un coche zeta de la poli (a preguntar si estaba normal antes del deceso: sí, si lo normal es vivir) y una furgoneta del tanatorio (que era lo único imprescindible). Cuando se lo llevaron, pensé  que sería de aquel cuerpo colosal, y graso a todas luces, que también es otra manera de pensar en la muerte. Si no lo reclamaban, acabaría expuesto en una mesa de fiambres y harían prácticas con él en la facultad de medicina, y si lo incineraban, aquel cuerpo ardería bien, con mínima presencia de comburente. Grasa y manteca no le faltaba, y para más inri, el hombre muerto en el pub irlandés tenía una cabellera rubia pletóricamente leonina. En fin, también pensé en el equilibrio de necesidades entre muerte y vida, en la necesidad de una para el transcurrir de otra. Y tal. Supongo que me entienden, por mucho que morirse sea una putada, hay que morirse de vez en cuando para la renovación planetaria. Todo está muy estudiado. En el fondo es un acto frecuente, y sobrevalorado. Otra cosa es morirse de mala manera, con un palo por el culo, mucha sangre y cuarenta rebeldes muy cabreados. Morirse de golpe en un pub irlandés no es un final feliz de puticlub clandestino chino, pero está mucho mejor. Me parece.

P.D. ¿No era en dimensión borgiana la vida la muerte que viene? Pues eso. Otra cosa son las formas de la muerte. De eso quería hablar.





lunes, 24 de octubre de 2011

Intrigas de mi Novela.-


Primero me dijeron que los capítulos tenían sustancia y eran buenos, pero el final era un ejercicio de pereza del autor que rompía el sentido analógico de la novela. Te has cargado una novela muy fresca y muy aceptable. Sigue, cuenta más y proyecta el desenlace. Ah. Pero me daban poco más de una semana. Ellos sabrían. Hice lo que puede, me dejé los ojos a la luz del flexo, me di a la cirugía con injertos, disecciones, inserciones,  bebí cervezas y café, le leí noventa páginas a mi pobre Mary, me lo pasé bien y me mandaron al carajo. No, no fue el lector profesional. Era el pariente del gran señor del grupo Power, que era adicto a los best seller y no sabía donde coño iba mi novela. Lo entendí. Poco después publicó Uruguayo, la biografía de Diego Forlán, 365 días para sobrevivir sin llamar a mamá y Miranda Manía , un coñazo de una tal Miranda Cosgrove, una adolescente de productos basura. La onda comercial, sería. Después apareció otro tipo, Mojama, de la editorial Hoy Trinco que me hizo un adulador informe. Tienes destellos de Umbral, un novelón. Con esos matices tan ásperos y abruptos, y tan delatadores, esa cara de momia cabreada que me gastaba el colega. De decirte eres bueno, con cara de echarte la bronca. Después había que currárselo, es decir, pagar los ejemplares, organizar la presentación de la novela. Tú dame la plata, que yo te la publico. Bye Mojama. Más tarde apareció la editorial Quiero Plata. El colega se llamaba Carmelo. Era flaco, pálido, y tenía una expresión amarillenta y famélica, que venía a parecer un seminarista corrosivo de sesenta años. Parecía mi padre, o mi cura, o las dos cosas. También parecía que vivía del aire. Sé que era austero y que comía poco. Le gustaba quedar en el Mallorca de Bravo Murillo, y decir que no tenía ganas de tomar nada. Creo que era rácano, pero yo le hubiera invitado a cualquier chorradita del Mallorca, una pulga y un café, cualquier cosa. De la novela habló poco. Muy poco.  Creo que no tenía ni puta idea. Nos ha gustado, la queremos publicar. Hablaba mucho de dinero. De bastante dinero. El proyecto era grande, con una tirada inicial de más de 5.000 ejemplares. Me preguntaba mucho por mi vida profesional, tratando de intuir mis posibles. Mi pasta. Y yo no tenía alrededor de 15.000 euros sueltos para publicar la novela. Después me llamó diez veces, y empecé a sospechar que no fuera editor, sino marica, o un editor marica, en cualquier caso. Más tarde me llegaron del sector noticias de que era un pirata, y que no debí perder ningún segundo yendo al Mallorca. Un día le dije que no, y noté unos movimientos espasmódicos y una voz sobrecogida al otra lado por teléfono. Dijo que desaprovechaba una gran oportunidad. Menuda coyuntura, bien sabíamos los dos que aquella propuesta no era ningún amanecer. Fue la última vez. Después fui un día a Tirso de Molina, a la editorial Los Abuelos. Me abrió la puerta una de las hijas góticas de Zapatero. Tampoco tenía idea alguna de la novela, pero la quería publicar. Mientras ella atendía el teléfono, curioseé por su despacho los libros que habían publicado. Eran novelas de señores mayores, tipo Memorias de mi vida en Carrascalejo, Una vida dedicado a la Caridad, La Almunia y yo, Historias del Campanario de Azuaga. Si no salí corriendo, fue por dos motivos, el primero porque me faltaron huevos, y el segundo por verle un poco las vueltas y las ínfimas posibilidades a aquella ninfa barroca y excesiva que tenía unos bonitos ojos rodeados de secreciones negras. Hará tres o cuatro semanas, la jefa de edición y diseño de la edtiorial Power, una poeta honesta y linda, lanzó un proyecto de novelas subversivas, canallas, o descarnadas, o beat, o chispeantes, o lo que fuera, y me dijo que haría todo lo posible para que mi novela viera luz. Porque tenía esos matices. Era perfecta para las nuevas intenciones de una editorial reinventándose. Lo dijo ella, pero el pariente del señor del grupo Power dijo que no, porque no, y punto pelota, que es como se habla en las editoriales de cierta relevancia. Después, he seguido manteniendo el contacto con la enlace del grupo, que tiene cierta apuesta personal por quien suscribe, y ahí estamos, cada uno a lo nuestro, una novela surcando el vacío y la aspiración de no publicar en el desierto. La novela se ha titulado Sucesos Aleatorios, Las Vacaciones de la Muerte y Tres Hombres para Tres Ciudades. No puedo evitarlo, me gustan los títulos malos y espero encontrar uno aún peor. Creo que dice la verdad de su protagonista y mi propia mentira, no he buscado otra cosa. Pues eso.
P.D.- Obviamente han existido otras peripecias, pero corresponden a la fracción olvidadiza de mi memoria.
P.D.- Mientras les he narrado este post, he recibido las siguiente misiva, pero les aseguro y me temo que hablan de humo. 
P.D.- Si quieren ser mi agente literario, envíenme un privado. Pero no me citen en el Mallorca.


Estimado Sr. Javier,

Muchas gracias por el envío de su manuscrito. Tras haber realizado la consiguiente revisión, concluimos que podemos publicar su obra.

Con este fin, le adjunto el contrato de edición que rogamos nos devuelva firmadopreferiblemente escaneado de nuevo y por correo electrónico. Generalmente, requerimos una media de entre 1 y 4 meses hasta la publicación de su libro.

Tal y como figura en el contrato, hemos confeccionadocompletamente gratuita. En cualquier caso, recibirá su honorario a partir del primer libro vendido y además tendrá usted la posibilidad de beneficiarse de diferentes prestaciones editoriales que ponemos a su disposición para la difusión de su libro.  (véase documentación adjunta).

He reservado un puesto libre para usted en la editorial, así pues le pido que nos devuelva el contrato de edición en un período máximo de tres semanas debidamente firmado; en caso contrario, ruego me informe de su decisión, para poder liberar su puesto.

Si desea consultarme cualquier tema relacionado, no dude en ponerse en contacto conmigo vía e-mail.

¡Sería un placer trabajar con usted y ver publicada su obra!


Saludos cordiales desde la editorial

Anette Sauerbier