jueves, 21 de junio de 2012

Yo Fui un Bebé Robado (Merci).-





Yo también fui un bebé robado, y menos mal; no saben como lo agradezco. A mí me enterraron el veinte de junio de 1981 en el cementerio de la Almudena porque tuve el síndrome de muerte súbita infantil, con las circunstancias agravantes de bebé prematuro y madre borracha y obesa durante el embarazo. Como comprenderán, esa fue la falacia que proyectaron las monjas a mi familia biológica antes de entregarme a una familia más bien diversificada, pero de la hostia, no por millonaria, pues tengo colegas usurpados que han vivido acreditados infiernos en clanes de mucha opulencia, sino porque mi familia era tal como se dice ahora, propiamente cool. Desestructurada pero guay. Verán, me entregaron al trovador de Formentera, Horacio Pereira, el Sabanero Arlequín, un pájaro de altos vuelos que cantaba a las rebeliones, y tuve mamás que parecían camaradas de la vida lunática y criadas filipinas que comparecían en mi vida como si fueran la madre de uno, todo gracias a que mi papá el trovador coordinó ciertos vínculos con aquellos Corleone del clero hasta llegar a esa monja, Sor María Gómez Valbuena, que ahora se pasa la vida en Plaza de Castilla. Yo creo que fue la única monja que vio mi padre, de cerca, y aún hoy me sorprende aquella accesibilidad mutua entre la religiosa y papá, porque tiene poco encaje el asunto en cuestión.
Entretanto, me he ido marchitando la vida entre todas las giras de papá por Suramérica, la casa fresca de Pedraza, el chalé de Sant Francesc y el ático de Conde de Xiquena en Madrid, siempre arropado por una recua de comediantes de la supervivencia y el teatro, escritores pobres con talento, escritores ricos intuitivos y sagaces, rapsodas, juglares y poetas delirantes, malparidos, y crápulas en general de algunas artes, o de ninguna, que nunca nos gustaron la presunciones y las propiedades artísticas de la gente virtuosa (o no) que se llena la boca con la palabra arte. Eso lo detestamos los Pereira, pero en general he estado rodeado de gente más o menos amable, más o menos divertida y envuelto en una jovialidad repleta de tipos que se han reído de su propia sombra un día sí, y al siguiente igual; adorables como decía mi tercera camarada, una novia que tuvo papá,  nada menos que Victoria Vera. 
Y ahora, de manera súbita (como mi muerte blanca), ha aparecido fulminante, a traición. un señor que dice ser mi padre biológico. Es uno de esos hombres que siempre tiene restos de grasa en el labio superior y surcos de sudor en la camisa de tergal, asimismo cadenas de oro, pendientes de brillante y unas ridículas y grotescas patillas finas y pésimamente perfiladas (entre maricón y cani), y habla tosiendo, es incapaz de pronunciar palabra sin verbalizar una mucosidad; y entenderán ustedes que sienta mucha más vergüenza que amor, y no me refiero a bochorno del ajeno, sino que les hablo de una abyección propia, es decir que ese señor es mi padre, y entonces tengo que caer en la puta evidencia de que ese señor soy yo. O  que es mi sangre, y esas paranoias. Para más inri, se llama Policarpio Vinagre Tullido, es decir que también llevo unos apellidos de mierda. Mi otro papá, como siempre, solo tiene una frase vacía cuando se le consulta un imprevisto: cada uno es dueño de sus actos y consecuente de sus decisiones. Yo le digo con todo retintín merci, padre trovador, y él se pone a escribir en el jardín al lado de la botella de Armagnac y de nuestra cuarta camarada, nada menos que Aitana Sánchez Gijón.
Bien, será que somos una familia sin esqueleto o desestructurada, como dicen los cursis de servicios sociales, y cada uno es el propietario de sus acciones porque nadie te coopera a nada, pero a pesar ello, creo que sospecharon mi felicidad al inicio de esa crónica, aunque ya les aviso, ahora ventura dañada porque este pirado de Vinagre Tullido quiere que me vaya con él a buscar a mi madre, y me ha mandado un croquis con unas rutas infames como si fuéramos a inventar una novela de realismo sucio, o igual una de Bukowski a la española. Podría seguirle por ese bulevar de la mala vida, de puticlubs, fondas miserables y cantinas grasientas, si tuviera el estímulo de encontrar a una buena madre, pero el problema, el gran dilema, es que viendo a mi padre siento auténtico terror por encontrar algún día a la señora que se enamoró de semejante lumbrera. Y espero que ustedes entiendan que me aborda el pánico de conocer a mamá después de tantos años a la sombra del libertinaje y la autodeterminación de Horacio Pereira. Joder, qué harían ustedes. La ignorancia es la madre de todos los miedos, pues eso.




3 comentarios:

  1. Hahahaha, que filón le tienes a este tema, es muy guay. Marta, b

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  2. A veces, dicen, no se es de donde se nace sino de donde se cría.
    Falto ando de tiempo y, un poco, de ganas; llegadas la vacaciones unos encargos para poetas y otros escritores me restan tiempo. Las ilustraciones abarcan mucho y los bocetos son simples proyectos, los gustos andan calientes como los días que tenemos. Por eso tardé tanto, aunque leído ya lo tenía.
    Javier, un nombre antepuesto que siendo hermana es enemiga a las puertas de los desconocidos que se hospitalizan para parir. Cuántas chiquillas ignorantes y presionadas habrán caído en sus tretas y tétricas manos que bajo complejos prejuicios de destinos de sus dioses han regalado, a cambio de otros favores, niños a estériles vientres antojados que mediante pagos en el viento, en alfombras volantes hicieron “nobles causas”.
    Bajo pretextos y juicios de valor se inventan “ong´s” vestidas de falsas caridades que se me antojan provechosas formas de convertir las aguas en vinos y así con los “restos” crear puestos de trabajo con los porcentajes de la caridad, de la solidaridad. ¿Qué sería entonces lo que verdaderamente llega a sus destinos? Irrisorias sobras de todo un entramado que mantiene, al fin y al cabo, la miseria en su sitio y que sólo vale para engordar sus bolsillos y las estadísticas que se jactan en decir que desde tal década se ha producido un cambio tan grande que se han salvado de ella a tantos y tantos niños. De la miseria…del cuerno de África, o aquí.
    Dolor es lo que siento, seguro que en ello coincidimos y empatizamos, cuando de estos casos leo y me cuentas. Angustia…sor angustia
    Sor Hierba Gómes Valmala debería ser su apelativo peyorativo, sor presa su resultado…sorpresa su asombro. Qué ruegue a su dios todos los días para que la justicia social no la someta y se libere. Si es que llega a ocurrir, no será milagro sino desgana y prescripción. Me siento, me sentiré proscrito de la justicia si eso ocurre, me temo.
    Lo malo es que no hay justicia y ella seguirá creyendo (en su dios…dinero que llegaba a su congregación y, tal vez, a su bolsillo) y diciendo que había actuado conforme a su ética. ¿Qué ética? ¿Qué moral? ¿Qué principios? [Hoy en día los llaman valores…como los chocolates, ocuros]
    Hace, seguramente, varios siglos un par de amigos se juntaron y exclamaron juntos mientras degustaban unas cervezas en cuernos o en vasos de madera: - Qué ocurran estas cosas en pleno siglo que estamos, donde vamos a parar.
    Lo dicho se extiende hasta hace pocos años…¿Dónde vamos a parar e pleno siglo…XXI?
    Eso.
    [Tenías razón, sabías que me iban a gustar...jeje. Aunque me pone de mala leche]
    Salud y Libertad. d:D´
    Deica

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