viernes, 30 de agosto de 2013

Cambalache (Mis Respetos) .-




Diría que el Cambalache tiene toda la legitimidad y la certeza de esos espacios del universos que son alegres aunque tengan ciertas reminiscencias de la tragedia. Felices y tristes. Como aquellos chicos, The Smiths, que sonaban tristes y eran alegres. Y esto no es más que la impronta de lugar auténtico y verdadero que aborda al Cambalache, tripulante, navegante entre la felicidad y la nostalgia como todo vergel que se precie de verdadero en los bulevares de la noche. Lo demás es naif e insustancial. 
Jugando a las entelequias de la madrugada, quizá en otra época y en otro lugar, el Cambalache sería bálsamo de Fellini, Hemingway y Fitzgerald, porque ellos también eran expertos en desmontar la balanza de la tragedia con una buena farra de whisky, un piano y dos guitarras, en gestar la vida triste de la madrugada con la complicidad causal del momento. Y mañana será otro día. Hoy, ahora es presente.   
Retomemos la quimera. Allí hay espectros de músicos muertos, quizá en una calle de Malasaña, sonriendo en una esquina como uno de los perros románticos de Bolaño, amores caducos, artistas incipientes, ninfas en plena ebullición, bohemios, poetas incandescentes de esos que NO se van suicidando en cada verso. Y queda ese germen de que la vida no era como nos la habían contado; eso es Cambalache. Un mercado, un trueque emocional de las grandes mentiras que vienen a decir la verdad. Un vividero en mitad de la tragedia, pues eso. A gozarlo. 

Cardenal Cisneros 25
Glorieta de Bilbao
Cambalache. Dale Ramón !

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