
Llevo dos o tres días comiendo de puta pena, ensalada de espinacas y manzana, espárragos a la plancha, zanahoria cruda, aceita de oliva y lechuga, alimentos demasiado saludables y buenos camaradas del estómago, de esos que anunciaba Torreiglesias en la tele, esos programas rellenos con el público de los hogares de pensionista, tipo Saber Vivir, es decir, vivir mucho pero con mala leche. Vivir jodido, muchos años, hacer gimnasia y comer hierba. Uff, qué desgracia. Qué fatalidad para los judíos, los musulmanes y los vegetarianos, por ejemplo. A mí una vez me entraron ganas de suicidarme en Púshkar, ciudad del Rajastán de peregrinación musulmana, donde me fue imposible encontrar una Kingfisher de litro, y me tuve que beber una gaseosa para empujar un chicken tikka massala. Estuve toda la comida jodido, y no me cabe duda de que aquel camarero de Alá se percató y fue mutuo nuestro rechazo. Qué cosas tiene este Mahoma, quién le daría esa maldita idea de fundar el Islam. Con la felicidad que me ha dado a mí el cerdo y el vino. Qué ventura frente a un lechón y una copa de buen vino, qué emociones hemos atesorado. ¿Y los judíos? Maniáticos hasta el delito. Qué gente. Maldito Levítico. De animales terrestres, solo comerán aquellos de pezuña partida, hendida en mitades y rumiantes, es decir, la liebre no porque pese a ser rumiante no tiene la pezuña partida; ni el cerdo pues aunque tiene la pezuña partida hendida en mitades, no rumia. La madre que los parió. Vivir toda una vida sin el cerdo. Qué desgracia. De los bichos de agua, solo comen aquellos que tienen escamas y aleta. Y todo reptil o animal acuático de los de mar o río que no tenga escamas y aletas tenedlo por inmundo, no lo comáis. Literalidad levítica. Está claro, unos anormales del carajo. ¿Y qué me decís de los vegetarianos? Chúpate el carácter de un vegetariano, porque yo he conocido unos cuantos para darles de comer aparte. Sí, vale que las alcachofas y las coles les hacen estar buenos, y buenas, que según una amiga mía son buenos en la cama, pero has de abandonar nada más follar. Finiquitar el polvo y tomar la puerta. ¿Porqué? Porque la estética tibetana te acabará quemando, por su afición a decir la última palabra y esa propensión a discutir por cualquier paranoia de una plaga de mosquitos, o a decirte a la cara que no tienes ni puta idea de nada porque no conoces un director de cine polaco, un tal Zanussi, que hace cine de montaña, sol y lunas menguantes. Un vegetariano siempre tiene postas en el cargador.
En fin, que yo tampoco quiero que pongan a las focas en fila para asesinarlas y nutrir Occidente de abrigos de piel, no, no lo quiero, pero no soy un radical que determina la vida en función de un Dios o de una neurosis macrobiótica. Que llegue ya el maldito viernes, por favor, para empezar a comer en condiciones. Secreto ibérico y vino, cerveza y gambas. Comida normal.
