Madrid ha venido siendo durante muchos años una casa comuna que admite a todo hijo de vecino, esa capital que tanto recibe caricias como golpes. Ella responde de la misma manera, suave y a hostias. Madrid la ha ido haciendo la gente. Una especie de fragata cada vez menos castiza en la que cada uno corre su suerte, la ciudad que recluta a todo aquel que quiera alistarse, una nave cosmopolita donde se han enrolado desde senegaleses hasta noruegos, el gran buque donde se comen arepas con huevo, ojo de bife y cocido madrileño. Donde se alista el malo, el truhán, el asesino, el bueno, la guapa y el feo. Fértil y generosa con la cultura, bastante más que otras capitales demasiado frías y demasiado modernas. Existió el Madrid de Tony Leblanc, aquel Madrid de Los Tramposos, Las Chicas de la Cruz Roja y El Tigre de Chamberí, pero de ello queda poco, y su terreno lo fueron acaparando la mafia rumana, los mendigos lisiados de Sol y los chicos de las ONG que te asaltan en las inmediaciones del FNAC de Callao. Y tantas otras cosas. Yo, el Madrid de Leblanc y sus secuaces, solo puedo imaginármelo o verlo en las películas, que siempre me han parecido entrañables, pero pienso que este Madrid de 2010 tiene más luz, es más justo y vuela más alto, por mucho mafioso rumano o proxeneta de Montera que nos quiera aguar la calidad de vida. Al mismo tiempo, creo entender que se ha perdido la chulería castiza y se ganado mucho en mala hostia, maneras bajunas y mala educación. Tampoco creo en algunos tópicos de la ciudad, a modo de ejemplo: Ni Chueca es el barrio ideal y cool de construcción gay, ni la panacea del buen gusto, y sí uno de los barrios más sucios de la ciudad, con más afters por metro cuadrado, droga y delincuencia. Ni Lavapiés es el referente de la integración cultural y la convivencia racial, y sí a veces un vividero de palizas y conflictos. A Madrid le faltan maneras, igual que al mundo. No obstante, caminar por Opera, Latina, Huertas o Sol me sigue pareciendo una amena experiencia, y lo sigo gozando pese a haberlo adquirido como hábito. Pienso en mis rincones de Madrid, mientras camino a las nueve de la mañana de un sabado por la calle Hortaleza. Hay travestis puestos hastas las trancas de cocaína o cualquier mierda psicodélica, mendigos alcoholizados en procesión a algún lugar donde dan café y bocadillos, chaperos expectantes y par de hombres maduros frotándose y metiéndose la lengua hasta dentro en la parada del autobus, donde la señora octogenaria mira para otro lado. Me da igual su condición, pero ante esa exhibición de magreo frente a la vieja siento grima y un poco de repulsión. No tanto por la moralidad, sino por asuntos de estética. Tienen muchos pelos ahí los dos como para hacer un preámbulo de pornografía cutre en plena calle de Hortaleza. Sigo adelante y observo vómitos en la puerta de mi local y una caca de perro. Blasfemo a los muertos y la madre, y desinfecto con medio litro de lejía. Entonces me veo a mí haciendo el cafre en algún portal cuando tenía diecisiete años, y me recuerdo en algún parque de Cádiz sentado con mi novia buscándole la boca y el cuello, y las manos, riendo con un par de cervezas bien frías antes de sentir la recriminación de uno gordo que cuidaba el parque, medio agitanado, que llevaba porra y todo. <<Aire, a tomar por culo de aquí, guarros>>, nos dijo porque sí, sin motivo aparente, y nos fuimos, y mi chica se quedó como deshonrada y yo ofendido, y pensando en el porqué, sin valor para contrariar al gitano. <<Y rápido>>, concluyó. Retrocedo, aunque no reniego de seguir considerando la escena de los dos hombres y la vieja de los Alcántara, como grotesca, retrocedo porque no está mal este Madrid donde la gente se puede besar en la calle, sin guardias de seguridad ni policías arrogantes. Aquel parque ahora lo van arruinando los yonkis. Al menos ahora Madrid no revienta el amor. Que se metan la lengua hasta dentro y que llegue pronto el autobús para que abandone la vieja.
[Gatsby] wanted to recover something, some idea of himself perhaps, that had gone into loving Daisy. His life had been confused and disordered since then, but if he could once return to a certain starting place and go over it all slowly, he could find out what that thing was.
viernes, 10 de diciembre de 2010
Madrid no revienta el amor.-
Madrid ha venido siendo durante muchos años una casa comuna que admite a todo hijo de vecino, esa capital que tanto recibe caricias como golpes. Ella responde de la misma manera, suave y a hostias. Madrid la ha ido haciendo la gente. Una especie de fragata cada vez menos castiza en la que cada uno corre su suerte, la ciudad que recluta a todo aquel que quiera alistarse, una nave cosmopolita donde se han enrolado desde senegaleses hasta noruegos, el gran buque donde se comen arepas con huevo, ojo de bife y cocido madrileño. Donde se alista el malo, el truhán, el asesino, el bueno, la guapa y el feo. Fértil y generosa con la cultura, bastante más que otras capitales demasiado frías y demasiado modernas. Existió el Madrid de Tony Leblanc, aquel Madrid de Los Tramposos, Las Chicas de la Cruz Roja y El Tigre de Chamberí, pero de ello queda poco, y su terreno lo fueron acaparando la mafia rumana, los mendigos lisiados de Sol y los chicos de las ONG que te asaltan en las inmediaciones del FNAC de Callao. Y tantas otras cosas. Yo, el Madrid de Leblanc y sus secuaces, solo puedo imaginármelo o verlo en las películas, que siempre me han parecido entrañables, pero pienso que este Madrid de 2010 tiene más luz, es más justo y vuela más alto, por mucho mafioso rumano o proxeneta de Montera que nos quiera aguar la calidad de vida. Al mismo tiempo, creo entender que se ha perdido la chulería castiza y se ganado mucho en mala hostia, maneras bajunas y mala educación. Tampoco creo en algunos tópicos de la ciudad, a modo de ejemplo: Ni Chueca es el barrio ideal y cool de construcción gay, ni la panacea del buen gusto, y sí uno de los barrios más sucios de la ciudad, con más afters por metro cuadrado, droga y delincuencia. Ni Lavapiés es el referente de la integración cultural y la convivencia racial, y sí a veces un vividero de palizas y conflictos. A Madrid le faltan maneras, igual que al mundo. No obstante, caminar por Opera, Latina, Huertas o Sol me sigue pareciendo una amena experiencia, y lo sigo gozando pese a haberlo adquirido como hábito. Pienso en mis rincones de Madrid, mientras camino a las nueve de la mañana de un sabado por la calle Hortaleza. Hay travestis puestos hastas las trancas de cocaína o cualquier mierda psicodélica, mendigos alcoholizados en procesión a algún lugar donde dan café y bocadillos, chaperos expectantes y par de hombres maduros frotándose y metiéndose la lengua hasta dentro en la parada del autobus, donde la señora octogenaria mira para otro lado. Me da igual su condición, pero ante esa exhibición de magreo frente a la vieja siento grima y un poco de repulsión. No tanto por la moralidad, sino por asuntos de estética. Tienen muchos pelos ahí los dos como para hacer un preámbulo de pornografía cutre en plena calle de Hortaleza. Sigo adelante y observo vómitos en la puerta de mi local y una caca de perro. Blasfemo a los muertos y la madre, y desinfecto con medio litro de lejía. Entonces me veo a mí haciendo el cafre en algún portal cuando tenía diecisiete años, y me recuerdo en algún parque de Cádiz sentado con mi novia buscándole la boca y el cuello, y las manos, riendo con un par de cervezas bien frías antes de sentir la recriminación de uno gordo que cuidaba el parque, medio agitanado, que llevaba porra y todo. <<Aire, a tomar por culo de aquí, guarros>>, nos dijo porque sí, sin motivo aparente, y nos fuimos, y mi chica se quedó como deshonrada y yo ofendido, y pensando en el porqué, sin valor para contrariar al gitano. <<Y rápido>>, concluyó. Retrocedo, aunque no reniego de seguir considerando la escena de los dos hombres y la vieja de los Alcántara, como grotesca, retrocedo porque no está mal este Madrid donde la gente se puede besar en la calle, sin guardias de seguridad ni policías arrogantes. Aquel parque ahora lo van arruinando los yonkis. Al menos ahora Madrid no revienta el amor. Que se metan la lengua hasta dentro y que llegue pronto el autobús para que abandone la vieja.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Algunos corruptos se suicidan.-
No es que los chinos sean un ejemplo de lo que ha de ser el ajusticiamiento, pero no se andan con tonterías, ni con perdones, ni con campañas de imagen. En nuestro país tendrían trabajo. Habría ejecuciones, seguro. A aquel ministro Roldán, por ejemplo, tal vez le habrían dado el tiro de gracia. Si no, recuerden aquella noticia del ministro de Sanidad chino fusilado por corrupto. Con esa desalmada y vengativa firmeza, en este país, Roca, Roldán, Vera, Hormaechea, Barrionuevo, Salanueva, Estevill, y el Bigotes, por decir unos cuantos de una larga lista, posiblemente se habrían ido a buscar las tablas, o cuanto menos habrían recibido visita del torturador en una cárcel china, pero tuvieron la suerte de corromperse en España. En China, mochuelos del Estado, o cárcel negra. Otro político japonés se puso la soga al cuello y se ahorcó porque le habían pillado la trampa. También, un ex presidente surcoreano, vio tan mancillada su reputación, que haciendo senderismo le dio por tirarse por un acantilado. Otro caso, el ex gerente del consorcio alemán Flick y uno de los condenados en el escándalo de corrupción que salpicó a varios partidos políticos a principios de los años 80, se suicidó en Suiza, junto a su esposa. Aquí no se mata ni Dios. Conviene aclarar, para no ganar antipatías, que yo no creo en la pena de muerte ni quiero que la gente se mate, pero tampoco estoy feliz en este jardín de la impunidad, de la liberación y la exención, que es España. Ya sea un ministro, un alcalde tocahuevos o un comercial de alarmas de seguridad que te revienta la calma y te insulta. Retomemos la gravedad y localicemos al japonés. La lía parda por Osaka, él y los mercenarios, él y las comisiones fraudulentas, él y las geishas, follando, bebiendo, corrompiéndose. Lo trincan. Como ellos lo de salvar el honor lo tienen mucho más implícito que nosotros, se quita de en medio tras dilucidar un poco entre la horca y el harakiri. Toma la opción horca. De regreso a nuestro patio: aquí también ha habido suicidios, pocos, me viene a la cabeza uno en Telde de una concejala imputada por corrupción urbanística. Igual que el japonés, no fue muy lista. Tamoco lo fue Budd Dwyer, un político corrupto de Missouri, que convocó a la prensa para declarar su inocencia. Habló tal cual:
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- “Agradezco al buen Señor por haberme dado 47 años de apasionantes retos, vivencias estimulantes, muchas ocasiones felices, y sobre todo, la excelente esposa e hijos que cualquier hombre pudiése desear.
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- Ahora mi vida ha cambiado, sin razón aparente. Las personas que me han llamado y escrito están molestas y se sienten impotentes. Ellos saben que soy inocente y desean ayudar. Pero en esta nación, la más grande democracia del mundo, no hay nada que puedan hacer para prevenir que me castiguen por un crimen que no he cometido.
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- Judge Muir es conocido por sus sentencias medievales. Me enfrento a una sentecia máxima de 55 años en prisión y una multa de $300,000 por ser inocente. Judge Muir dijo a la prensa “me sentí revigorizado”, cuando me consideraron culpable y que planea encarcelarme como un desestímulo hacia otros funcionarios públicos. Pero no seré un factor disuasivo porque cada funcionario público que me conoce sabe que soy inocente; no será un castigo legítimo porque no he hecho nada malo. Desde que soy víctima de una persecución política, mi prisión simplemente será un gulag americano.
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- Pido a aquellos que creen en mí, que continuén manteniendo la amistad y recen por mi familia, para trabajar incansablemente por la creación de un genuino sistema de justicia en los Estados Unidos, y proseguir con los esfuerzos de exonerarme, para que mi familia y su futura parentela no sean manchados por esta injusticia que ha sido perpetrada en mi persona.
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- Confiamos que la razón y la verdad se impondrán y seré absuelto dedicando el resto de nuestras vidas en crear un sistema de justicia aquí en los Estados Unidos. El veredicto de culpable ha fortalecido esa decisión.”
A continuación llamó a tres colaboradores. Cada uno recibió un sobre. Uno tenía una nota de suicidio para su mujer, otro contenía un certificado de donante de órganos y el tercero guardaba una carta para el gobernador de Pennsylvania. También había un cuarto sobre, pero ese lo abrió él. Dentro había un Mangum 357. Cauto, por lo que se avecinaba aconsejó al personal que abandonara la sala, y colocó el revólver dentro de su boca. Disparó delante de millones de telespectadores.
Otro caso, un alcalde francés, Jacques Bouille, se suicidó en la prisión de Perpignan, donde cumplía pena por corrupción, unos cinco millones de euros para comprar obras de arte para el ayuntamiento, cinco kilos que nunca aparecieron. El gabacho se ahorcó en su celda con el cinturón de su bata.
Normalmente, el político español, de jeta larga, anchas espaldas y estómago agradecido, se muere pocas veces por voluntad propia. Ante una posible investigación de un juez cabezota, o se va un paradisíaco quinto carajo, o se va de putas, o las dos cosas a la vez. "Nos han trincao ministro...". "Bah, tampoco es para tanto, qué pensabas que eran gilipollas los de la Fiscalía Anticorrupción? Pues sí, pero tampoco tanto, y no se han enterao ni de la mitad". El tipo buscará un puro, de los buenos, un Hoyo de Monterrey, mandará que le busquen a la colombiana Mariela, y ella le llamará papito lindo o cualquier otra horterada sudamericana. Y habrá champán, sexo oral, viagra y un poco de cocaína. Para relajar la tensión. Tampoco es para tanto, mira los resultados de las últimas elecciones, mira como dieron marcha atrás con el senador de Almería, mira nuestro equipo de campaña como va a trabajar ahora, a afianzar mi imagen. Mira tú, qué miedo, si igual hasta me sale un reality por 150.000.
lunes, 6 de diciembre de 2010
Zafios.-
A veces me dan ganas de emigrar. De mandarlo todo al carajo. ¿Dónde iría? No lo sé, un lugar donde me aseguren que hay un nivel ínfimo de zafios por metro cuadrado. Algún pueblo de Suiza, una aldea costera escocesa, o algún rincón de la Polinesia. Posiblemente. A Tailandia ni loco, no fuera a encontrarme con el hermano del calvo. Vamos al grano, empecemos por la RAE. Zafio: Grosero o tosco en sus modales o falto de tacto en su comportamiento. Sigamos por la tele. Lo de las televisiones es un punto y aparte, ni siquiera Italia, con uno de los presidentes más zafios y horteras del mundo adquiere los niveles tan cutres de nuestra tele. Hemos visto payasos (con perdón de los payasos) en calzoncillos mostrando los michelines y palpando sus testículos, periodistas de tercera con las tetas fuera remojándose en una piscina, fieles defensores del onanismo haciendo gestos con sus cinco dedos y sobándose el miembro, acusaciones públicas de impotencia y pene pequeño. Y mucho más durante muchos años. Ahora cierta gente se asusta, se rasga las vestiduras y se ofende, cuando el político y el periodista van de zafios. Al menos le dan más gracia y un poco de lírica al asunto, no como los retrasados mentales precedentes (con perdón a los deficientes mentales). El tema del alcalde de Valladolid al lado de un individuo Gran Hermano, tiene poca importancia. El pepero de Pucela imagina cosas inefables con los morros de Leire Pajín. El calvo de Sálvame habría ido directamente a la mamada y la princesa de San Blas habría gritado cualquier ordinariez a su adversario pero jamás podría pronunciar la palabra inefable. Un tipo con cara de sucio habla de "chochitos rosáceos" de las jovencitas a las que no les huele todavía a ácido úrico, al tipo le privan, pero con esa cara no los cata ni pagando. Y con los chuzos de chabacanería que han llovido estos años, alguien me explica donde está la sorpresa. Luego aparece Dragó: "no eran unas lolitas cualesquiera, sino de esas que se visten como zorritas, con los labios pintados, carmín, rimel, tacones, minifalda...Tendrían unos trece años. Subí con ellas y las muy putas se pusieron a turnarse. Mientras una se iba al váter, la otra se me traginaba". Bien para saber que la pedofilia no solo la acaparaban los curas, también hay escritores antediluvianos y articulistas chungos, que no inventan nada, por mucha literatura que se le quiera añadir al asunto. No obstante, qué poca entidad de polémica, cuando se llevan muchos años hablando del tamaño de los penes, de la cocaína (el presentador enano llama a su programa la narcosala), de las penetraciones y de los orificios, de las pistolas, de las palizas, de los niños, de las velas negras, de los esclavos sexuales, de las orgías, de la viagra y de los muertos. Y todo bien soez y grosero de verbo. Insuperable. No es tan importante por tanto que dos o tres tipos que nada tienen que ver con el reality show se contagien de la porquería, y anuncien sus bobadas públicamente, cuando aquí el Estado ha permitido todos los sedimentos de los late night y la carroña de la tarde. No obstante, como ventaja, sabemos que el modo de empleo y las palabras utilizadas clarifican nuestras posturas. Blanco y en botella. Vemos al malsano, al machista, al cruel, al vengador, al fascista, al racista, al gañan. Al zafio. Si todos hablaran igual, estaríamos vendidos frente al impostor. La zafiedad también entiende de clases.
sábado, 4 de diciembre de 2010
Delhi.-
La primera vez fue un impacto, y el primer aroma, una mezcla de alcanfor, humedad y lejía. Era el aeropuerto Indira Gandhi, pero olía muy diferente a los aeropuertos de las ciudades anteriores, en las últimas 24 horas, Madrid y Amsterdam, que olían parecido, a ambientador, café y perfume. La segunda vez todo fue igual pero se fue moderando el choque cultural. Ya no era la primera vez que mis ojos miraban aquello. Los responsables del Manor nos mandaron un chófer, un sij escuálido de turbante rojo y barba negruzca. Se presentó como Nitin y no paró de sonreír en todo el trayecto, dejando entrever dientes largos y finos. Parecía una ardilla simpática. Hablaba poco inglés. Decía mucho sir, hot y money. Hacía un calor húmedo del carajo, y el tipo sudaba curry, pollo, incienso y col o algo similar. Hice un esfuerzo por percibirlo nítidamente y lo anoté.
- Eres un flipado - dijo ella, riendo.
- De toda la vida
Y empezó la India. Con la sacudida de calor, con la gente y con el tráfico. Tráfico del calibre más caótico que puedan imaginar, en una ciudad desordenada de más de dieciocho millones de habitantes, Delhi. Ruido y tráfico jugaban en la gran ciudad una coexistencia sorprendente, nadie hablaba imprudencias ni escupía la deshonra de la madre. La Gran Vía en hora punta, una tontería. Desconozco el significado de hijoputa en hindi, pero el tipo conducía tranquilo, casi levitando, como una ardilla muy etérea, muy espiritual y muy amable. Daba buen rollo. En otros sitios he visto yo a los taxistas con mucha mala leche por mucho menos. Solo se tocaba el claxon. Los ruidos del tráfico y los ruidos de los niños jugando, saltando o pidiendo, entretejidos con la circulación.

- Eres un flipado - dijo ella, riendo.
- De toda la vida
Y empezó la India. Con la sacudida de calor, con la gente y con el tráfico. Tráfico del calibre más caótico que puedan imaginar, en una ciudad desordenada de más de dieciocho millones de habitantes, Delhi. Ruido y tráfico jugaban en la gran ciudad una coexistencia sorprendente, nadie hablaba imprudencias ni escupía la deshonra de la madre. La Gran Vía en hora punta, una tontería. Desconozco el significado de hijoputa en hindi, pero el tipo conducía tranquilo, casi levitando, como una ardilla muy etérea, muy espiritual y muy amable. Daba buen rollo. En otros sitios he visto yo a los taxistas con mucha mala leche por mucho menos. Solo se tocaba el claxon. Los ruidos del tráfico y los ruidos de los niños jugando, saltando o pidiendo, entretejidos con la circulación.
Llegué al hotel con algo de sueño, pero me llamó el hambre. Cogí una king-fisher de la nevera, encendí un ventilador y me tumbé en la cama a beber y comer unas galletas saladas. El cansancio, el calor, la humedad, la vida, pasaban factura. Me reflejaba el espejo de la habitación un tipo sudoroso con sombras, cual si estuviera maquillado con ceras, potingues rejuvenecedores de mala calidad. Mis dedos resbalaban fácilmente por la piel de la cara. A continuación cogí otra cerveza king-fisher, encendí un cigarrillo y fui a la ventana, y contemplé estupefacto la telaraña de la red eléctrica. No parecía real que al otro lado de la valla del Manor pudiera haber luz. Bajo los cables, los niños cuidaban los tenderetes, y de repente empezó a llover con la fiereza titánica, rajastánica. Pensé en la lluvia como un remanso de paz, un oasis de serenidad en mitad del caos. Y traté de dormir.
Luego llegó la mañana. Nos hicieron huevos fritos con bacon, jugo de mango y café con leche. María se fue a negociar en una fábrica textil y yo a investigar y comprar por Janpath y Chadni Chowk. La gente invadía las calles, que a su vez eran invadidas por ricksaws, coches y alguna vaca desorientada. Al chofer no parecía importunarle, a pesar de que conducir en tales condiciones puede suponer un ejercicio de imaginación psicótica, con los niños saltimbanquis sorteando el tráfico buscando la moneda tras los cristales del Tata y el Toyota, y algún viejo tambaleándose en la bicicleta buscando un equilibrio que lograba alcanzar, y parecía asunto de los dioses. Qué país. Pintoresco es nada. Pura tragicomedia de miseria y alegría. Hasta los monos te evaluaban, y parecían adivinar la condición forastera. Me perdí por la India. Por decisión propia, me dejé engullir por Chandy Chowk, viejo Delhi, India profunda. Allí había una sonrisa natural, transparente, que siempre sale bien en la fotografía. Valía una toma para tener la sonrisa perfecta. Pero al ser una tragicomedia en estado puro, tras la sonrisa a menudo se pueden descubrir a famélicos tirados en la calle, perros enfermos, hombres amputados mendigando una lástima infernal, imposible, imposible de soportar. Entonces algún día son palabras muy gastadas por la humanidad como dijo Nicolás de Vinarés. Algún día las cosas cambiarán, es una frase que no hace más que reafirmar una realidad aplastante. De repente estaba ya perdido, buscando la salida entre los callejones estrechos de Chandy, callejuelas inmundas soleadas con una ferocidad incómoda e insalubre. Había que buscar una sombra balsámica, desde donde se veía el sol sobre toda aquella polución, el sol escudándose tras las fachadas y golpeando a la gente. Como si no tuvieran bastante. Son los humanos más inmunes del planeta decía un amigo. Había un hedor acre, sofocante, corrosivo, abrumador que se adhería a la piel y parecía anular los sentidos. Flotaban densos en el ambiente humos de los inciensos, gases putrefactos, aire inmundo de orines y aguas fecales. Nadie salvo algún occidental alemán buscando salidas en mitad del laberinto hacía mueca de repugnancia. Yo tampoco lograba encontrar salidas. De repente creí estar en lo peor de lo peor. Me escrutan algunos hindúes como si apenas hubieran visto hombres blancos en su vida al tiempo que examino la desoladora escena de los perros carcomidos por la sarna masticando excrementos de vacas, y cierta y extraña búsqueda entre la basura de unos niños aparentemente felices. La vida fluye rara, tal vez al revés. Es una vida imposible. Los ojos pétreos de los hindúes estudiaban mis movimientos, pero creo entender que no pensaban, sus pensamientos parecían congelados en simas tan profundas como sus miradas, una variante de la mirada de la miseria, grave, severa, a la par que reprochadora y silenciosa. Ausente de miedos, pues nada tiene que temer quien todo lo perdió o nunca tuvo. Por un momento pensé en mí como un intruso que les estaba faltando el respeto, paseante entre miseria con un cariz temático en mis pasos. Como aquel que se introduce en un documental ajeno y miserable, y una vez realizadas las observaciones marcha al Imperial Hotel a tomar una cerveza y reanuda sus miradas en las bellas camareras orientales de la terraza de los bambúes, pero antes ha estado entrometido en la vida de los otros sin una razón de peso para hacerlo, más que la mera curiosidad. Y el negocio de las mercaderías. Me fui al coche. Antes vi a unos franceses tomar una ricksaw del modelo bicicleta llevada por un muchacho flaco que no había llegado a hombre. Miré con disgusto y reproche a los franceses. Ellos reían como hienas occidentales. Iban a emprender la exótica aventura y les hacía gracia. Qué ridículos, pensé. Qué hijos de puta, dije en voz baja. Las fibras de los gemelos iniciaron el primer movimiento y me pareció que iba a rasgar la piel, pero fue avanzando entre gemidos, y los franceses aplaudieron, los muy idiotas.
En Delhi los sentidos despiertan: los colores vivos, los olores fuertes, y las imágenes únicas, imposibles. Un tipo duerme la siesta en cuclillas, pero se entera de todo mientras bebe un líquido amarillo humeante. Otro cruza la amplia avenida de Conaught Place casi levitando, ignorando los coches, desafiando la muerte sin el más mínimo espasmo, tranquilo y sabio como un maestro espiritual (siendo India un país que se desangra en la carretera, con más de 100.000 muertos al año), un mercader parece un gitano de Cádiz contando los billetes (a veces no estamos tan lejos), otro hace malabares sobre su tenderete. Una vez, un chófer contratado para todo el día se me hizo el borracho, como broma, cuando fui a su encuentro en Janpath, ante mi asombro, pues le vi mamado de licor infame, me llevó de vuelta riendo como un conejo estridente. Casi le hubiera preferido borracho, pero no, estaba sereno, eléctrico y nervioso como un niño en deshoras. Otro tipo le echaba una carrera a un avión. Una mujer fumaba unas yerbas y le hablaba a las piedras. Todo posible y todo imposible, todo ya inventado y nuevo para mí. Por ello, siempre he intentado andar como si estuviera por mi casa, haciendo desaparecer mi conciencia de extranjero, para sumergirme con más realismo en un mundo de tantas posibilidades. Yo voy metido en una kurta roja, llevo chanchas, bebo una King-fisher por la calle, miro y hablo solo.
viernes, 3 de diciembre de 2010
Un Católico Sensible.-
Ángel Pintado. El tipo tiene una web guay, muy guay, muy de chico honesto y trabajador, tan admirable que parece de coña. Formidable, de matrícula de honor. Vaya tío. Eso sí, sosa como la madre que la parió. Tal vez, como todas las webs de los políticos, ilusas e insustanciales. No dicen nada, solo pretender adiestrarnos como si fuéramos niños. Muy entregado a valores como la lucha, el esfuerzo y el trabajo, se ha dejado la piel hasta llegar a diputado, para cuidar al ciudadano, y siempre ha sentido como aire fresco y energía el aliento constante de su mujer. Por si fuera poco, es deportista, honesto, seguro, optimista, e incluso audaz. Un crack. Solo le ha faltado dejar constancia de su adicción al aquarius y a los niños (sin perversidad, ojo). Chicas, ni se os pase por la cabeza hacer cola, que él está con su Mari Carmen y no se divorcia ni borracho, que esa palabreja de divorcio tiene mucho de fracaso y debilidad, y la Iglesia la pueda tolerar pero se queda mosqueada. Vete a ver a un cura después de una nulidad eclesiástica, a ver que cara te pone. Eso no, nunca, a Pintado no le saca los colores la Iglesia, bastante tiene con el apellido. Ha de ser un fervoroso seguidor. Claro, entonces le duele cuando David Torres sale con sus artículos de saltimbanqui disconforme. No sé si será trabajador, pero audacia le sobra. A David. Le ha echado cojones el chaval, y tiene estilo. Aquí una muestra. Empieza por los condones y las putas. El otro, por la Iglesia, mata. Acaba con un cabreo del demonio. Se publicó en El Mundo.
Dice el Papa que usar el condón en según qué casos puede estar justificado. Por ejemplo, la prostitución. Es un alivio para esos millones de católicos a los que no les quedaba otro remedio que ir de putas temblando, con la perspectiva de pasar después por el confesionario o arder para siempre en el infierno. Y todo por culpa de un mísero globo de plástico.
La insistencia del Vaticano en tratar una y otra vez temas de sexo ya apenas nos sorprende: sabemos que, en ciertas parafilias y aberraciones, hay cientos de curas mucho mejor preparados que el más avezado actor porno. Cuando empezaron a circular algunos de los opúsculos de Sade, un confesor francés se echó a reír ante lo que consideró poco más que una tontería adolescente. Él conocía historias mucho más terribles que aquellas absurdas violaciones múltiples y torturas gratuitas sólo de oírlas en el confesionario. Hoy sabemos que además están las experiencias de primera mano.
El sexto mandamiento se habría quedado en un mero juego de tornillo y tuerca de no ser por el empeño y la imaginación febril de los clérigos católicos. Hace nada descubrieron en el disco duro de un sacerdote español una versión del Kamasutra con niños de diez años. Más o menos yo tenía esa edad cuando fui a confesarme por penúltima vez y el cura de mi barrio, aburrido por mis torpes faltas de crío, me dio la primera aproximación a pecados mucho más excitantes que yo ni había imaginado. ¿Me había hecho tocamientos? ¿Solo o en grupo? ¿En familia quizá? Ignoraba yo entonces que por “tocamientos” aquel hombre de Dios no se refería precisamente a hurgarse las narices. Supongo que debo estarle agradecido porque me puso sobre la pista de la masturbación, pecado del que no tenía ni idea, y mucho menos aún de que pudiese practicarse en grupo y en familia.
De manera que cuando Ratzinger habla de condones debemos suponer que sabe de lo que está hablando. Es un tema sobre el que tiene línea directa con Dios, igual que cuando habla sobre la familia y la mejor manera de educar a los hijos. Se supone que carecen de experiencia en estas cosas pero quién sabe. Cuando el Papa viajó a Londres también se permitió el lujo de dar lecciones de Historia, anudando el lazo que, según él, hay entre nazismo y ateísmo, aunque pasó por alto que la inmensa mayoría de los criminales nazis escaparon del castigo a través del Vaticano y que la mayor matanza de judíos, gitanos y ortodoxos fuera de la maquinaria nazi fue obra exclusiva de los ustashi, los católicos croatas. Unas 700.000 almas tirando por lo bajo.
Sí, casi mejor que hable de condones.
Una mañana del frío otoño aragonés el diputado se revolvió en su sillón, se cagó en los muertos de David, por dentro, claro, intrínsecamente, pues eso por arriba se ve feo, y él quiere buena relación con la Divinidad, y pensó que había olvidado agregar a su web, aparte de todas esos valores y cosas bonitas tan bien vistas en la Iglesia, algo como: soy terco y sensible si me tocan a la Iglesia. Yo por la Iglesia, mato, que diría aquélla. Y leyó lo que le dio la gana, y vio insultos donde no había y le supuso problemas personales al autor, un tipo resentido que viene ahora a sembrar polémica y azuzar a los españoles. Quién siembra vientos, recoge tempestades, caray.
Con el Santo Padre, ni Dios. Ah, y lo de la pederastia de los curas, si es que los chavales van provocando, qué razón tenía Bernardo Álvarez, el interés malévolo nos persigue, Berni. Y luego sale con esas historias del Vaticano, de huida de los nazis, qué ganas de revolver al personal. Solo le ha faltado decir al tal David, eso que el Holocausto era una institución espiritual y Hitler tenía la convicción de que ahí había una camino hacia el cielo, eliminando al judío con la mayor humanidad posible.
- Cago en la mar, ahora viene este tío removiendo el lodo - dijo, evitando el pecado.
Como bien apunta tu entrada del Hotel Kafka, David, en plena linea de flotación.

jueves, 2 de diciembre de 2010
Paul Auster: Invisble.-
"Todo el libro habla de la ambigüedad, por eso se llama Invisible, porque es imposible abarcar todo lo que pasa desde un solo punto de vista” , Paul Auster.
Este hombre maduro con ojeras, cara de buen tipo y mirada seductora, fumador de puros holandeses y amante de Kafka, que cae bien de primeras, es un maestro de la trama y las derivaciones casuales, sabe jugar muy bien con el azar y la contingencia, tal vez porque su vida también tuvo demasiadas bifurcaciones y giros de 360 grados. A modo de ejemplo, en otro tiempo estuvo arruinado, se divorció, fracasó como escritor, no le leía ni Dios, fue marino en un petrolero, sintió continuos ataques de pánico y opresión por la pobreza, y trabajó con mendigos prácticamente desde la indigencia propia.
Tuvo que morir su padre para entregarse a la literatura, la herencia le dio medios para vagar y escribir. A veces a los escritores los mantiene una herencia, o una mujer. A título póstumo llegó La Invención de la Soledad, y escribió sus naufragios, todo eso del abandono, de la miseria y la búsqueda del padre. Auster aparte de tener una voluntad de hierro y muchas piedras en el camino, siempre quiso ser escritor. Muchos años después y con mucha buena obra dejada en el camino, llegó Invisible, una obra con más curry picante que en ocasiones precedentes.
El tipo te mantiene en trance, y como esa cualidad yo siempre se la he pedido a la literatura, a mí Auster me vale de sobra, porque me para el tiempo y me da impulsos para pasar página. Sabe hacerlo, sabe crearte ansiedad, avidez, y a veces cierto malestar, porqué no decirlo. Te torea. En Invisible, Adam, el protagonista, y su hermana tienen sexo, porque Auster no se queda tranquilo si no hay un poco de escándalo y azares escabrosos, o dulces, quizá, según el cristal. No obstante, aquí no entiendo mucho, no capto el mensaje del incesto, de poner a follar a los hermanos, salvo que Auster quisiera desconcertar, posiblemente, pero la historia entre Adam y Gwin, por muy transgresora que sea, no la capto. O soy un antiguo o no me enteré de nada. ¿Relectura? Tal vez. Al menos fue agradable para Adam Walker, un joven estudiante, al parecer tan guapo como Brad Pitt, con muchas aspiraciones poéticas, que conoce en una fiesta a una pareja, bastante interesante y bastante sospechosa, Rudolf Born y Margot, una madurita que está muy buena, y uno intuye desde el minuto uno que Adam y Margot se acuestan. Luego está la relación entre Rudolf Born y Bertrand de Born, el poeta del Infierno de Dante que sigue a los que siembran discordia, aquel tipo que luchó con su hermano Constantino por la herencia familiar y que se llevaba a morir con Enrique II de Inglaterra, sí, el hombre al que Dante describió en el infierno con su cabeza entre las manos como castigo. Y como esto ya se va acercando a las rarezas y bipolaridad de Rudolf, nosotros nos vamos haciendo amigos de Adam, gran golpe de efecto de Auster, que tampoco inventa nada, pero logra rápido el afecto por el personaje principal, el guapo joven al que el malo Born le propone la creación de una revista literaria. El chico no es tan inocente, de ingenuo tiene lo justo y no se fía de ese extraño altruismo, pero es joven, ama la literatura y sienta la tentación de conocer y llevarse a la cama a Margot. Y acepta. Pronto, y no daré demasiadas pistas, se da cuenta de que Born tiene la integridad moral en el culo. Aparece por ahí un hombre negro muerto, un tipo que iba a robar a Adam. A consecuencia de ello, se inicia el odio a Born, ahora convertido en una rabia libre de toda sospecha, y no diré mucho más sobre los referentes del asesinato.
Pero diré que Auster empieza a jugar a la literatura, como el Barcelona al fútbol. Hay dribling, triangulación, pase corto y cambio de juego. Hay fuerza narrativa y hay un Auster que conoce el oficio y domina el juego de las voces y la verdad relativa de esos narradores que van escribiendo Invisible, y he ahí su gran capacidad y maestría para acoplarse a las voces de las personas, muy diferentes unas de otras, y con un estilo literario más que digno.
Admiro al Paul Auster perdido en la telaraña de los recuerdos, donde nada es como parece ni nadie conoce a nadie, ni siquiera a sí mismo, donde el pasado se rompe o era mentira, donde la memoria es frágil y la realidad desde el último punto de vista de una vida no es la real, porque nada es absolutamente real, la realidad es invisible, pues se apaga y se enciende, se borra y se renueva. Paul Auster se está quedando con nosotros, y a la vez lo gozamos. Nos torea y le entramos a la muleta con bravura, y lo pasamos bien. Sabe jugar muy bien a esta cosa inútil del arte. A mí Auster nunca me defrauda.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
2666. Roberto Bolaño.-
1. LA NOVELA...
Más de 1000 páginas dan para mucho. Intentaré resumir en la medida de lo posible. La novela arranca con cuatro profesores de literatura absorbidos y flipados por la obra del enigmático escritor Benno Von Archimboldi, candidato al Nobel. Unos son del Atleti y otros son de Von Archimboldi. Fanáticos, no le pierden la pista, como si no hubiera más escritores en el mundo. Las vidas de los profesores se desarrollan entre congresos, conferencias, universidades y estudios de las obras archimboldianas, pero a su vez ha lugar a tramas amorosas con sus consiguientes búsquedas de sexo. Norton está sumamente implicada en los líos de cama, pero aún es mayor su afán en la incesante búsqueda de Archimboldi, y siguiendo los pasos del candidato a Nobel, los profesores llegan a una de las ciudades más terribles del mundo, donde el infierno forma parte del paisaje cotidiano, Santa Teresa, la ciudad de la muerte temprana, de la violación y del asesinato. Alguien fundó un ejército satánico. En algún momento aparecerá Archimboldi... Y Bolaño irá aportando soluciones...
2. LAS PARTES...
El gran Bolaño supo en el lecho de muerte que se estaba haciendo famoso y que vendería novelas como rosquillas, se lo oí el otro día a Jesús Ferrero, y creo que tenía razón. Una vez más, el gran mito del autor póstumo. Eran las intenciones de Bolaño que las cinco partes de la novela se publicaran por separado y salieran a la luz periódicamente, pero Jorge Herralde al igual que Max Broud con Kafka, se lo pasó por el forro, decidiendo en atención al "respeto al valor literario de la obra" publicar la novela en un único volumen. Daba igual, la novela no tiene porque leerse desde la página uno, puedes empezar por Archimboldi y acabar con Los críticos, y ahorrarte la lectura de muchas páginas de Los Crímenes, a mi modo de ver, una crónica exorbitante y extremadamente sincera de la violación. Duele mucho.
La parte de los críticos
La parte de Amalfitano
La parte de Fate
La parte de los crímenes
La parte de Archimboldi
Bolaño escribe bien, de principio a fin, porque se dejaba los ojos en los papeles y porque tenía talento. Mucho. Escribe bien, aunque hay partes de la obra que me han fascinado y otras no tanto, si bien uno es consciente en todo el desarrollo de la novela de que tiene algo bueno, de mucha calidad entre las manos. Es jamón ibérico de bellota, y uno lo sabe, aunque no siempre lo saborea de la mejor manera, a veces no le saca partido, pero sigue sabiendo que es pata negra, ibérico del bueno. Vamos a ello.
La primera, La Parte de los Críticos, bien, de sexo, arte, literatura, universidades y congresos, amena y reflexiva, movidas de profesores, voluntad de hierro y absorción por Archimboldi.
La segunda, La Parte de Amalfitano. Vean lo que le cuenta Amalfitano a la profesora Norton, todo un lujo de la buena literatura, con ello bastará.
La relación con el poder de los intelectuales mexicanos viene de lejos. No digo que todos sean así. Hay excepciones notables. Tampoco digo que los que se entregan lo hagan de mala fe. Ni siquiera que esa “entrega” sea una entrega en toda regla. Digamos que sólo es un empleo. Pero es un empleo con el Estado. En Europa los intelectuales trabajan en editoriales o en la prensa o los mantienen sus mujeres o sus padres tienen buena posición y les dan una mensualidad, o son obreros y delincuentes y viven honestamente de sus trabajos. En México, y puede que el ejemplo sea extensible a toda Latinoamérica, salvo Argentina, los intelectuales trabajan para el Estado. Esto era así con el PRI y sigue siendo así con el PAN. El intelectual, por su parte, puede ser un fervoroso defensor del Estado o un crítico del Estado. Al Estado no le importa. El Estado lo alimenta y lo observa en silencio. Con su enorme cohorte de escritores más bien inútiles, el Estado hace algo. ¿Qué? Exorciza sus demonios, cambia o al menos intenta influir en el tiempo mexicano. Añade capas de cal a un hoyo que nadie sabe a bien si existe o no existe. Por supuesto, esto no siempre es así. Un intelectual puede trabajar en la universidad o, mejor, irse a trabajar a una universidad norteamericana, cuyos departamentos de literatura son tan malos como los de las universidades mexicanas, pero esto no lo pone a salvo de recibir una llamada telefónica a altas horas de la noche y que alguien que habla en nombre del Estado le ofrezca un trabajo mejor, un empleo mejor remunerado, algo que el intelectual cree que se merece, y los intelectuales “siempre” creen que se merecen algo más. Esta mecánica, de alguna manera, desoreja a los intelectuales mexicanos. Los vuelve locos. Algunos por ejemplo, se ponen a traducir poesía japonesa sin saber japonés y otros, ya de plano, se dedican a la bebida. Almendro, sin ir más lejos, creo que hace ambas cosas. La literatura en México es como un jardín de infancia, una guardería, un kindergarten, un parvulario, no sé si lo puedes entender. El clima es bueno, hace sol, uno puede salir de casa y sentarse en un parque y abrir un libro de Válery, tal vez el escritor más leído por los escritores mexicanos, y luego acercarse a casa de los amigos y hablar. Tu sombra, sin embargo, ya no te sigue. En algún momento te ha abandonado silenciosamente. Tú haces como que no te das cuenta, pero sí que te has dado cuenta, tu jodida sombra ya no va contigo, pero, bueno, eso puede explicarse de muchas formas, la posición del sol, el grado de inconsciencia que el sol provoca en las cabezas sin sombrero, la cantidad de alcohol ingerida, el movimiento como de tanques subterráneos del dolor, el miedo a cosas más contingentes, una enfermedad que se insinúa, la vanidad herida, el deseo de ser puntual al menos una vez en la vida.
...Ellos sólo escuchan los ruidos que salen del fondo de la mina. Y los traducen o reinterpretan o recrean. Su trabajo, cae por su peso, es pobrísimo. Emplean la retórica allí donde se intuye un huracán, tratan de ser elocuentes allí donde intuyen la furia desatada, procuran ceñirse a la disciplina de la métrica allí donde sólo queda un silencio ensordecedor e inútil. Dicen pío pío, guau guau, miau miau, porque son incapaces de imaginar un animal de proporciones colosales o la ausencia de ese animal.
- No entiendo nada de lo que has dicho- dijo Norton.
- En realidad sólo he dicho tonterías- dijo Amaftitano
Esto es un jamón excelente de la literatura, aunque con algunas raspas para atragantar a algún intelectual mexicano.
Tercera. La parte de Fate. Un periodista negro viaja a Santa Teresa para cubrir un combate de boxeo, y allí en poco tiempo se da cuenta de que tiene los dos pies en una isla del infierno de nombre Atrocidad, allí conoce los crímenes, la incapacidad de resolución y la extraña actitud entre pasiva y cómplice de las autoridades. Hay borrachos, boxeadores acabados, locos, sparrings, combates amañados, bares muy norteamericanos, y nadie es lo que parece. Mola. Fate indaga entre la roña del boxeo de Ciudad de Juárez, y ahí también aparecen todo tipo de derivaciones y conexiones con los crímenes. Todo, muy policíaco.
Cuarta parte. Los Crímenes. Horror con mayúsculas, y excesiva obsesión de Roberto Bolaño por desgranar la tragedia elevada a la categoría forense, demasiada descripción de la violación, demasiada exposición de lo vaginal y de lo anal, demasiada tortura y demasiada sangre. Y demasiada crónica periodística de sucesos. Si el erotismo es la pluma, aquí tenemos el pollo entero, pura pornografía, de la mala, de la cruel, de la sórdida, de la miserable. Unos narcos muy hijos de puta, muy, muy, muy abanderados por la corrupción, unos polis muy degradados moralmente que violan en la comisaría, una infrahumanas condiciones en las maquiladoras. Todo bien feo. Finalmente se detiene a un supuesto asesino alemán, pero con ello no cesan los crímenes. Estamos ante la violación y el crimen sistematizado, y yo buscaría el inicio en la mejor posición social, pero no encontraría nada.
Quinta y última. Archimboldi. Gracias a Dios cambia el tono, y todos estamos más relajados. En alguna siesta soñé con los conductos anteriores, y con maleza en los descampados donde violaban los hombres sin madre. Por fin llega Archimboldi. Es la vida de Hans Reiter, en el futuro, el escritor Archimboldi y candidato al Nobel. Hay cabida para sus experiencias en la II Guerra Mundial , como soldado del Reich, todo muy vivo y muy entretenido y con mucha aportación histórica. Y llegan las últimas páginas, el escritor aparece en el centro neurálgico de la novela. ¿Qué esperamos? ¿Un Lecter? ¿Un Sacamantecas? ¿Un Thug Berham? Bolaño tiene la reserva.
Y por último, interesante esta anotación. Tal como Bolaño estableció, el narrador de la novela es Arturo Belano: "Y eso es todo, amigos. Todo lo he hecho, todo lo he vivido. Si tuviera fuerzas, me pondría a llorar. Se despide de ustedes, Arturo Belano"
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