
Yo acostumbro a maldecir aquel trágico día de 1985 en el que Rosa Tous encontró un oso de peluche en un escaparate, y sintió tal fascinación que decidió hacerse millonaria a través de los perfiles oseznos, pero eso es principalmente porque soy un envidioso y no le veo la gracia a la vida pusilánime, insustancial y próspera de determinados logos. Entonces me doy a las tribulaciones sin llegar al llanto, y me invade una carencia de no sé qué, que qué sé yo, que poniéndome estupendo llamaré sensatez estética. Supongo que ya han intuido que odio a ese oso, que no sé si es osa, o vive en oros lésbicos, homosexuales o cueros heterosexuales, porque atendiendo al matrimonio, no me dirán que no parece una de esas parejas donde él parece marica, muy marica, y ella lesbiana, muy lesbiana. Y el oso, inversamente proporcional de valoración estética porque es horrible, frente a la generación de parné, porque el cabrón del oso se vende en unas cuatrocientas tiendas de unos cuarenta y cinco países.
Entonces convendrán conmigo, que cierto talento empresarial sí que hay, pero como nadie dijo que el marketing fueran sincero, yo estoy muy convencido de que ni siquiera a esa especie de matrimonio hermafrodita les gusta el oso, que todo obedece a unas hazañas personales, a apuestas, proezas y risas generalizadas de toda la compañía, y que están hasta los huevos de él, solo que no pueden desprenderse porque es el oso generoso y les da, y mucho. Aparte, considero que no tienen muy unificada la imagen de la marca; simplemente llevan un camino de disparidad acojonante. Primero, con Eugenia Martínez de Irujo, luego Kylie Minogue, y ahora Jennifer López. Ya me contarán los paralelismos. Igual eligen a Falete el próximo año, que sí parece un oso flamenquito y tunante.
Miren, aunque parezca lo contrario, yo admiro esta gente. Escrutando información me entero de que los Tous se arruinaron por completo dos veces antes de sus ascensos económicos, en fin, antes del Oso. Siguen en Manresa y viven en un chalet de gente más o menos pudiente, pero no de megamillonarios, aunque yo no les puedo perdonar el suicido estético, el holocausto osezno de tanta gente en este país, que no sé que ve en la perversidad de un oso de belleza incierta, que se mercadea y piratea de aquí a la China.
P.D. Ahora viendo la foto, juraría que tiene tetas. Osa.

