
Nuestro país se convulsiona. De cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa, que decía Machado. Ya no es mi Victoria Abril, ni mi Victoria Vera, ni mi Marisol en septiembre del 76, en esta España bipolar e inflexiblemente bipartidista de los desmanes financieros, el torrezno y la medalla olímpica en recesión. Yo hubiera llamado a Monica Bellucci, para incitar al consumo de calidad e incrementar nuestro sentido de la armonía, pero igual era el lugar equivocado, este país que adora la carnaza y los neumáticos cultivados con photoshop. Supongo que ya lo saben. Ha salido Terelu Campos en Interviú, posando a lo Birgit Bardot, salvando las perennes latitudes, es decir una distancia interplanetaria. Pero para un país de panceta y pensamientos lúbricos cafres y urgentes, igual está bien Terelu para un desahogo. No sé si me entienden, más o menos es así, le hacemos el amor a la Bellucci y nos follamos a la Campos.
En fin, Interviú fija su objetivo en las propensiones más vulgares de la naturaleza, es decir, eso que todos sabemos, el instinto primario, las blowjobs, los dirty-talk y el worship. Vamos a ver, para que no haya sensibilidades heridas, me lo ha comentado mi amiga gafapasta, cool, progre y moderadamente bohemia: Terelu pone cachondos a los tíos y la linea de flotación de sus cubiertas flexibles es el sexo sórdido.
Luego están las fotos, artísticas y cuidadas, las llaman. Me hace gracia la trascendencia que ponen los famosos cuando creen estar hablando de arte. Ni que fuera un Paul Klee. Y ahí está Terelu, con cara de fuckme, tapándose las tetas, como si estuviera sentada en el suelo de una ferretería sobre unos ridículos corchos, esperando que el mozo de almacén le saque la llave inglesa. Más razones para el emigrante.
