Creo que en el cole nunca se fiscalizaba el dinero del Domund. Se iba uno de ronda a saquear los monederos de las viejas y los papás, y entregaba el botín al Hermano Luis. Nunca nos hablaron de la comisión de investigación, ni de interventores de aquellas huchas naranjas (si no recuerdo mal). Entonces se hablaba de Dios, del demonio y de los verbos irregulares. El Hermano Luis era austero y parecía el portero del colegio, con pantalones de tergal, camisa de polyester y zapatos de agujeritos, aunque fuera el profesor de lenguaje . El Hermano Luis repartía hostias como panes, daba capones a cuatro nudillos y hacía sobres con el dinero del Domund. Él era el puto amo, juez, fiscal y secretario de Dios, y no robaba porque no le gustaba el dinero y era pecado, y si lo hubiera hecho, no nos hubiéramos percatado, porque vivía como un pordiosero de cara al interior y al exterior. Matices de las cercanías de Dios, y de ser más listo que todos esos exuberantes paletos, que roban y compran Mirós, Mercedes y mansiones, y asesinan los verbos irregulares, y dicen de que y lo que. Lo malo, que le podía la mala leche y tenía la hostia fácil, pero su honradez la estimo como verídica. El Hermano Luis no tenía ambiciones, salvo la oración y hacer un corro de conjugaciones verbales, con una regleta en la mano para enmendar el error gramatical. El Duque de Palma es pura ambición. Don Iñaki no habla de dinero como hace la gente bien, pero...
A mí Urdangarín nunca me ha caído bien. No me gustan los héroes olímpicos reinventados en nobles, y no me gustan los caraduras con cara de querubín (vale, guapo, pero cándidamente hermoso, he ahí el peligro). Bueno, ninguno me hace un tilín especial, lo siento, no me gusta la familia de ese Rey que quiere prensa de estampitas y cromos; ya sabemos que se cabrea y le quieren clavar un pino a la mínima incontinencia de la prensa amable. Menudo disgusto ahora, con el lío de Urdangarin. Por un lado, que nos expliquen algo sobre la mansión donde plantan los pinos él, Cristina de Borbón y los cuatro nanos. Cómo pagaron los doce millones de euros de los 1.100 metros cuadrados en un barrio chic de Barcelona. Todo a consecuencia, obviamente, si no ni nos coscamos. Ya lo saben: desconozco si cuando aparezca este post, el duque de Palma habrá dado lugar a una aclaración de los hechos acaecidos en el Instituto Nóos. Una fundación sin ánimo de lucro (pero con coraje monetario) donde de la noche a la mañana se han esfumado unos cuantos de cientos de miles de euros de dinero público. Con la que está cayendo. Venga, a ver quien tiene huevos. ¿Saben? En derivación, y como secuela dañina de lo anterior, me preocupa, y estimo que no está en los programas políticos de ningún partido, el color mate de las arcas donde se depositan los fondos asignados a la Corona. En fin, el decolorante, que no está. ¿No son Presupuestos Generales del Estado? ¿No hay comisiones de investigación en los ministerios? En la Casa Real, no. En mi colegio, tampoco. Pues eso. Y lo otro, la fundación.
Entre la letra con sangre entra, y la letra (de cambio) penetrando, dada la sangre, hay divergencias.
