sábado, 12 de noviembre de 2011

El Hermano Luis y Urdangarín.-





Creo que en el cole nunca se fiscalizaba el dinero del Domund. Se iba uno de ronda a saquear los monederos de las viejas y los papás, y entregaba el botín al Hermano Luis. Nunca nos hablaron de la comisión de investigación, ni de interventores de aquellas huchas naranjas (si no recuerdo mal). Entonces se hablaba de Dios, del demonio y de los verbos irregulares. El Hermano Luis era austero y parecía el portero del colegio, con pantalones de tergal, camisa de polyester y zapatos de agujeritos, aunque fuera el profesor de lenguaje . El Hermano Luis repartía hostias como panes,  daba capones a cuatro nudillos y hacía sobres con el dinero del Domund. Él era el puto amo, juez, fiscal y secretario de Dios, y no robaba porque no le gustaba el dinero y era pecado, y si lo hubiera hecho, no nos hubiéramos percatado, porque vivía como un pordiosero de cara al interior y al exterior. Matices de las cercanías de Dios, y de ser más listo que todos esos exuberantes paletos, que roban y compran Mirós, Mercedes y mansiones, y asesinan los verbos irregulares, y dicen de que y lo que. Lo malo, que le podía la mala leche y tenía la hostia fácil, pero su honradez la estimo como verídica. El Hermano Luis no tenía ambiciones, salvo la oración y hacer un corro de conjugaciones verbales, con una regleta en la mano para enmendar el error gramatical. El Duque de Palma es pura ambición. Don Iñaki no habla de dinero como hace la gente bien, pero...
A mí Urdangarín nunca me ha caído bien. No me gustan los héroes olímpicos reinventados en nobles, y no me gustan los caraduras con cara de querubín (vale, guapo, pero cándidamente hermoso, he ahí el peligro). Bueno, ninguno me hace un tilín especial,  lo siento, no me gusta la familia de ese Rey que quiere prensa de estampitas y cromos; ya sabemos que se cabrea y le quieren clavar un pino a la mínima incontinencia de la prensa amable. Menudo disgusto ahora, con el lío de Urdangarin. Por un lado, que nos expliquen algo sobre la mansión donde plantan los pinos él, Cristina de Borbón y los cuatro nanos. Cómo pagaron los doce millones de euros de los 1.100 metros cuadrados en un barrio chic de Barcelona. Todo a consecuencia, obviamente, si no ni nos coscamos. Ya lo saben: desconozco si cuando aparezca este post, el duque de Palma habrá dado lugar a una aclaración de los hechos acaecidos en el Instituto Nóos. Una fundación sin ánimo de lucro (pero con coraje monetario) donde de la noche a la mañana se han esfumado unos cuantos de cientos de miles de euros de dinero público. Con la que está cayendo. Venga, a ver quien tiene huevos. ¿Saben? En derivación, y como secuela dañina de lo anterior, me preocupa, y estimo que no está en los programas políticos de ningún partido, el color mate de las arcas donde se depositan los fondos asignados a la Corona. En fin, el decolorante, que no está. ¿No son Presupuestos Generales del Estado? ¿No hay comisiones de investigación en los ministerios? En la Casa Real, no. En mi colegio, tampoco. Pues eso. Y lo otro, la fundación.
Entre la letra con sangre entra, y la letra (de cambio) penetrando, dada la sangre, hay divergencias.



jueves, 10 de noviembre de 2011

Partido del Destierro: Erecciones Generales (o generalizadas).-




Evidentemente la lista sería dilatada y tediosa, cual si esta nómina de gente estéril y accesoria se llamara María Teresa Campos. Hemos tenido nuestras reticencias con Paquirrín, pero como el pasado pesa lo suyo, y a su vez, es profeta del futuro, sisando a Lord Byron, no queda inmune de la concesión de tarjeta de embarque a Uzbekistán. No hay dispensa que valga. En lo que se refiere al resto de personajes la decisión es inapelable. No quiero que tachen esa inexorable contundencia de anti-democrática. El daño está hecho, y la vida nos la han jodido. Y bien. 
Habrá nuevos arrestos y en consecuencia, más aviones fletados allá donde Cristo perdíó el mechero en sus rutas por Asia Central. 
Se admiten sugerencias.

martes, 8 de noviembre de 2011

La Gente de mi Novela.-


Ante las peticiones de unos cuantos amigos, y una solicitud editorial, aprovechando la coyuntura:
Helio Arista:
Profesor de literatura. Siempre en la controversia, como en toda vida que se precie de perra. A veces en el carrusel de un hamster. A veces en una montaña rusa. Vive dentro de la novela para encontrarse, y disipar su nueva convergencia con una nueva perdida. Sufre las embestidas de las visionarias marianas, las poetas de la tragedia, los adolescentes malditos del lumpen y las mujeres lejanas (aquellas que fueron y ahora no son, y aparecen purificadamente bellas con el devenir de los años, cual si fueran heridas de catarsis). Acude algunas noches al Dorian, un local vivo a base a deshechos de felicidad y música de amor vengativo, a beber licores infames y agitarse entre la chusma. Desgraciadamente en estos lugares, el tema, echar un polvo y consolarse, está asegurado. Consecuencia de la miseria de sus habitantes. Los vencimientos del placer, corto plazo.
Por encima de todo, un objetivo: salvar a su padre de los estragos de la ginebra y la muerte de mamá. Los efectos: caminar por el ancho mundo y beberse las botellas de panacea dispersas por el Universo.
Helio Arista (Padre):
Jubilado, solitario y gruñón renovado por la tragedia. Surca los mares de una autodestrucción consciente, y malvive entre la comida china, los gin-tonics y un programa infantil de una especie de pornstar de los Cárpatos. Y los recuerdos, demasiado buenos para haberse fulminado, y perniciosos para la buena vida. De vez en cuando se hace unos kilómetros en bicicleta estática, y siente los impulsos de salir del laberinto chungo, aquel atolladero de su propio destino. Más allá del fondo visible, las apariencias de su funesto universo, aparecerá París con sus razones.
Nicolás de Vinarés:
Trasnochado del mundo, y herido en proceso de curación del arcaico pasado, los años de la trampa, la vida excesiva, las mujeres, el hampa, Jonathan y las putas de carretera. Emprende viaje a París desde la cárcel del Puerto de Santa María, buscándose las exenciones de la libertad. Una especie de expiación contradictoria, que es un inicio de vida, una oportunidad existencial, para rastrearse aquella madriguera oculta de su vil existencia e indagarse un espectro metafísico. En paralelo, un bicho royendo sus entrañas, un anticuario francés, una novel meretriz del Caribe, un suicida cirrótico, la búsqueda de un cementerio bonito, una banda con los Helios y muchas brasseries de bálsamos añejos.
Beatriz Aldaba:
La poeta de los desastres reconfortada con la publicación y la notoriedad de la catástrofe. La chica de los brillos dorados a golpe de pulso lírico-trágico.
Carlota Torrisi:
La ninfa reciclada, que en aquellos tiempos, siendo novia de Helio, follaba hermética y sigilosa con el gurú del Rajastán, Punnat Gullatti, entre otras cosas, el hombre que desterraba el alcohol de su cuerpo con unas extrañas introspecciones hinduistas que llamaban meditación, y Carlota simpatizaba. Años más tarde, la metafísica hindostánica y Ganessa fueron desterradas por un viril marqués de Santander. Retomando las sombras del pasado, Helio, en las reapariciones clandestinas.
Patricia:
La niña que veía a la Virgen.
Olías el Capo:
El muchacho armado del polígono, por encima del bien y del mal, estéril de cualquier tipo de interés didáctico, víctima de sus propios demonios, pariente de Lucifer. Caminante del lumpen.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Talento y Crisis.-


No tengo mucho que decir. No estoy nada onírico. En primer lugar porque mis dóciles musas se me desvanecen en estos finales y primeros de mes, que es cuando a mí me vienen las hostias bien dadas, y la vida tiene más cara de perra que de vida. No obstante, yo siempre recibo ligera la inspiración, o la musa, o el numen, o como quieran llamarlo. A mí esas vainas no se me sedimentan en la piel y me depositan unos vocablos alienados con unas palabras. No. Me tengo que sacar hasta los tuétanos. Cavilar, hablar solo, salir al balcón, dejarlo, tomarlo, salir, entrar. Pues eso. Me voy a la calle a fumar un cigarro. Me asalta una pregunta: ¿Es verdad que en tiempos de crisis aflora el talento? A mí eso de la perspicacia o la clarividencia artística, me cuesta un huevo y parte del otro, y aún así, cuántos tiros quedan fuera de linea de flotación. No tengo muy claro que es eso del talento. Me gusta lo de Balzac, su correlación entre voluntad y talento, y esos corazones rotos o curtidos en épocas de recesión, pero mi postura es que en tiempos duros se vende bien el talento, consecuencia de la existencia de pocos postores, desenlace a su vez de la baja demanda, y efecto final de los barros que trajeron consigo los lodos. Es decir que no compra ni dios y no apuesta ni Perry. Hay que delatarse con cierta arrogancia, modelarse un patrón de puto amo, de imprescindible para el proyecto. Venderse. Los resultados pueden ser catastróficos. O no. Lo otro ya lo saben, la burbuja inmobiliaria dando de mamar a la corrupción y la especulación, pero de eso ya hemos hablado bastante.
No Pain No Glory. Lo entendimos tarde.
Una vez en Salamanca, me dijo una poeta de la tristeza, que hacía unos versos donde se mascaba una tragedia con olor a pescadilla podrida (vale, es una reverberación del que suscribe, que por muchos motivos encadena putrefacción con dolor) que ella necesitaba estar reconfortada para hablar de la catástrofe, aunque siempre hayamos pensado lo contrario, que era necesario estar de puta pena para hablar de un cuervo fatídico, un suicida y unos sufridos espectros infantiles. O de cualquier paranoia de estas monomaniáticas de la desgracia propia o forastera. Pero coño, tenía cierta razón,  un espíritu (para aquél que gaste de eso)  inquieto y desvelado por los hard times, podría tener inseguridades, temblores, y resultados chungos. Y luego está el debate, y ustedes dirán que en esas controversias del alma se pueden lograr buenos efectos, que Poe, estaba todo el día hecho unos zorros y narcotizado, y fue maestro universal,  que Suave es la Noche, nació de la tragedia personal de Fitzgerald y de su fracaso con Zelda, y que De Profundis fue una epístola narrada en una cárcel, tras la condena de Wilde por indecencia y sodomía. 
De acuerdo, no nos aclaramos. ¿Talento y bienestar general?. ¿Talento y estar jodido?
Y si existiera espesura, ya les aviso, que a mí la crisis me provoca este follaje léxico.

martes, 1 de noviembre de 2011

El Audi de Torrebruno.-




No sé si el tipo era más simpático que payaso, o más amable que bufón. Pero eso fue al principio. Hablaba como Torrebruno, esa desagradable mezcla entre italiano y portoriqueño, y la molesta sensación de hablar con la boca llena de mucosidades y era un teleoperador de Ni Puta Idea. Me había tocado un Audi A4 FSI con motor de inyección directa de gasolina. Le pregunté que donde lo podía recoger y me dijo: espere, espere, caballero, no se demore, hay unos trámites previos a la entrega de su fantástico coche. Nada menos, había que morirse. Mientras, me lo imaginaba igual a aquel enano, Rocco Walter Torrebruno, al que nunca le pillé el chiste. Lo veía con un pantalón a la altura de los pezones, con la raya muy marcada a la derecha y con esa cara de humilde saltimbanqui que gastan los cómicos de los años setenta (Joe Rigolí, Torrebruno, Bigote Arrocet, etc).  Llegó la diligencia. Ya sabe usted, señor, Dios quiera que no le pase nada, pero la muerte le puede pillar con los pantalones bajados (se permitía estas licencias) , hay que pensar en ello, usted tendrá una mujer, una familia, imagine que le pasa algo, seguro que tiene algún ejemplo cercano y vio como habría sido necesario un buen seguro de vida, de garantías. Yo no tenía intención de morirme en los próximos cuarenta años (madera, madera) y el tipo me quería hacer un seguro de vida por valor de unos trescientos euros anuales. Después me darían el coche, o a lo mejor el coche me lo entregaban después de muerto, si mi fulminante expiración fuera consecuencia de un accidente de tráfico o de una enfermedad. Si había un suicidio, o una catástrofe estilo terremoto, no había coche, ni dinero. Interioricé un váyase a tomar por culo, pero no lo escenifiqué. ¿Usted a qué se dedica? Le dije que era torero, y que se pusiera en contacto con mi apoderado, Manolo Buenavista. Entonces debió pensar que le tomaba el pelo, y noté que se aclaraba la voz con un vaso de agua de los ríos de Puerto Rico. Mire, piénselo bien, las personas designadas por usted recibirán un A4 y 600.000 euros. Le pregunté que cuantos audis a cuatro había y cuantos cientos de miles de euros. Depende de la prima, caballero. El payaso se iba apagando. También el amable. Me lo dijo muy flemático, casi insultantemente tranquilo, con tono de última oportunidad. A continuación, le comenté que lo pensaría, que no lo veía claro. Usted verá lo que hace. La frase sonó funesta, amenazante, y me pareció que me estaba llamando gilipollas con cierto razonamiento. En fin, estuve pensando un rato en su táctica, en aquella descendencia de la farsa simpática a los rigores finales, pero me siguió recordando a Torrebruno y a algunos cómicos de los años setenta, que se quitaban la mascara fuera del escenario.
Esa noche tuve un audi A4 y una dehesa con ganadería brava. Conducía despacio viendo mis toros. También soñé con Antoñete. Y con Torrebruno.


jueves, 27 de octubre de 2011

Un Palo por el Culo y un Pub Irlandés.-



La idea viene de Gadafi. Pienso de vez en cuando en la muerte, principalmente porque estoy en el bombo y porque me la retransmiten por internet y los periódicos, siendo la muerte  una cosa muy sensacionalista. Y porque llevo algunos muertos a mis espaldas. Tampoco me procuro muchas reflexiones porque puestos a pensar, será ella quien piense mí y me dedique sus últimas palabras, en ese tránsito de urgencias diarias que tiene la muerte, y puestos a pedir, que no me agarre con un palo en el culo  (Gadafi) o me desprenda del casco (Simoncelli), o me desaparezca (ya saben), aunque dispuestos a una segunda pretensión, prefiero volar y desnudar mi cráneo que palmarla con previos de sodomización y ultraje, o con el imprevisto de que no me encuentren en varios años a la redonda. Vale, ni una cosa, ni otra. Pero entiendan que la peli snuff de la sangre negra, la mucosidad, los gusanos, el pus, el morbo, la mierda y el palo en el culo, que han hecho con Gadafi ni la quiero para mí , ni la deseo para cualquiera de los hijosdelagranputa que tenemos por vecinos en el Universo. En fin, voy por mal camino, yo que había venido aquí a descojonarme de la muerte, antes de que ría ella por última vez. Les cuento.
La otra noche estaba en un pub irlandés viendo la segunda parte de un partido de Champions League, y me pareció que estaba pisando la cartera de algún despistado, cuando realmente estaba pisando la mano de un  hombre colosal que había quedado desorientado de por vida. Era el despiste eterno. Sí, se me murió en los pies un toro blond de doscientos kilos, y nadie supo porqué. Todo el mundo se encogió de hombros, y puso pies en polvorosa, que es lo que sucede cuando se te muere un desconocido en un bar. Que todo el mundo se acojona,  tiene prisa, y se va sin pagar. De repente, ni eres cliente, ni eres habitual, ni puedes partirle la crisma al camarero o exigirle una hoja de reclamaciones porque te hayan echado un jugo de hongos venenosos en la última pinta de Guiness de toda una vida, que es una desgracia muy grande, aunque peor hubiera sido un palo en el culo. Luego llegaron en este orden: dos ambulancias (no hubiera hecho falta ninguna), un coche zeta de la poli (a preguntar si estaba normal antes del deceso: sí, si lo normal es vivir) y una furgoneta del tanatorio (que era lo único imprescindible). Cuando se lo llevaron, pensé  que sería de aquel cuerpo colosal, y graso a todas luces, que también es otra manera de pensar en la muerte. Si no lo reclamaban, acabaría expuesto en una mesa de fiambres y harían prácticas con él en la facultad de medicina, y si lo incineraban, aquel cuerpo ardería bien, con mínima presencia de comburente. Grasa y manteca no le faltaba, y para más inri, el hombre muerto en el pub irlandés tenía una cabellera rubia pletóricamente leonina. En fin, también pensé en el equilibrio de necesidades entre muerte y vida, en la necesidad de una para el transcurrir de otra. Y tal. Supongo que me entienden, por mucho que morirse sea una putada, hay que morirse de vez en cuando para la renovación planetaria. Todo está muy estudiado. En el fondo es un acto frecuente, y sobrevalorado. Otra cosa es morirse de mala manera, con un palo por el culo, mucha sangre y cuarenta rebeldes muy cabreados. Morirse de golpe en un pub irlandés no es un final feliz de puticlub clandestino chino, pero está mucho mejor. Me parece.

P.D. ¿No era en dimensión borgiana la vida la muerte que viene? Pues eso. Otra cosa son las formas de la muerte. De eso quería hablar.





lunes, 24 de octubre de 2011

Intrigas de mi Novela.-


Primero me dijeron que los capítulos tenían sustancia y eran buenos, pero el final era un ejercicio de pereza del autor que rompía el sentido analógico de la novela. Te has cargado una novela muy fresca y muy aceptable. Sigue, cuenta más y proyecta el desenlace. Ah. Pero me daban poco más de una semana. Ellos sabrían. Hice lo que puede, me dejé los ojos a la luz del flexo, me di a la cirugía con injertos, disecciones, inserciones,  bebí cervezas y café, le leí noventa páginas a mi pobre Mary, me lo pasé bien y me mandaron al carajo. No, no fue el lector profesional. Era el pariente del gran señor del grupo Power, que era adicto a los best seller y no sabía donde coño iba mi novela. Lo entendí. Poco después publicó Uruguayo, la biografía de Diego Forlán, 365 días para sobrevivir sin llamar a mamá y Miranda Manía , un coñazo de una tal Miranda Cosgrove, una adolescente de productos basura. La onda comercial, sería. Después apareció otro tipo, Mojama, de la editorial Hoy Trinco que me hizo un adulador informe. Tienes destellos de Umbral, un novelón. Con esos matices tan ásperos y abruptos, y tan delatadores, esa cara de momia cabreada que me gastaba el colega. De decirte eres bueno, con cara de echarte la bronca. Después había que currárselo, es decir, pagar los ejemplares, organizar la presentación de la novela. Tú dame la plata, que yo te la publico. Bye Mojama. Más tarde apareció la editorial Quiero Plata. El colega se llamaba Carmelo. Era flaco, pálido, y tenía una expresión amarillenta y famélica, que venía a parecer un seminarista corrosivo de sesenta años. Parecía mi padre, o mi cura, o las dos cosas. También parecía que vivía del aire. Sé que era austero y que comía poco. Le gustaba quedar en el Mallorca de Bravo Murillo, y decir que no tenía ganas de tomar nada. Creo que era rácano, pero yo le hubiera invitado a cualquier chorradita del Mallorca, una pulga y un café, cualquier cosa. De la novela habló poco. Muy poco.  Creo que no tenía ni puta idea. Nos ha gustado, la queremos publicar. Hablaba mucho de dinero. De bastante dinero. El proyecto era grande, con una tirada inicial de más de 5.000 ejemplares. Me preguntaba mucho por mi vida profesional, tratando de intuir mis posibles. Mi pasta. Y yo no tenía alrededor de 15.000 euros sueltos para publicar la novela. Después me llamó diez veces, y empecé a sospechar que no fuera editor, sino marica, o un editor marica, en cualquier caso. Más tarde me llegaron del sector noticias de que era un pirata, y que no debí perder ningún segundo yendo al Mallorca. Un día le dije que no, y noté unos movimientos espasmódicos y una voz sobrecogida al otra lado por teléfono. Dijo que desaprovechaba una gran oportunidad. Menuda coyuntura, bien sabíamos los dos que aquella propuesta no era ningún amanecer. Fue la última vez. Después fui un día a Tirso de Molina, a la editorial Los Abuelos. Me abrió la puerta una de las hijas góticas de Zapatero. Tampoco tenía idea alguna de la novela, pero la quería publicar. Mientras ella atendía el teléfono, curioseé por su despacho los libros que habían publicado. Eran novelas de señores mayores, tipo Memorias de mi vida en Carrascalejo, Una vida dedicado a la Caridad, La Almunia y yo, Historias del Campanario de Azuaga. Si no salí corriendo, fue por dos motivos, el primero porque me faltaron huevos, y el segundo por verle un poco las vueltas y las ínfimas posibilidades a aquella ninfa barroca y excesiva que tenía unos bonitos ojos rodeados de secreciones negras. Hará tres o cuatro semanas, la jefa de edición y diseño de la edtiorial Power, una poeta honesta y linda, lanzó un proyecto de novelas subversivas, canallas, o descarnadas, o beat, o chispeantes, o lo que fuera, y me dijo que haría todo lo posible para que mi novela viera luz. Porque tenía esos matices. Era perfecta para las nuevas intenciones de una editorial reinventándose. Lo dijo ella, pero el pariente del señor del grupo Power dijo que no, porque no, y punto pelota, que es como se habla en las editoriales de cierta relevancia. Después, he seguido manteniendo el contacto con la enlace del grupo, que tiene cierta apuesta personal por quien suscribe, y ahí estamos, cada uno a lo nuestro, una novela surcando el vacío y la aspiración de no publicar en el desierto. La novela se ha titulado Sucesos Aleatorios, Las Vacaciones de la Muerte y Tres Hombres para Tres Ciudades. No puedo evitarlo, me gustan los títulos malos y espero encontrar uno aún peor. Creo que dice la verdad de su protagonista y mi propia mentira, no he buscado otra cosa. Pues eso.
P.D.- Obviamente han existido otras peripecias, pero corresponden a la fracción olvidadiza de mi memoria.
P.D.- Mientras les he narrado este post, he recibido las siguiente misiva, pero les aseguro y me temo que hablan de humo. 
P.D.- Si quieren ser mi agente literario, envíenme un privado. Pero no me citen en el Mallorca.


Estimado Sr. Javier,

Muchas gracias por el envío de su manuscrito. Tras haber realizado la consiguiente revisión, concluimos que podemos publicar su obra.

Con este fin, le adjunto el contrato de edición que rogamos nos devuelva firmado, preferiblemente escaneado de nuevo y por correo electrónico. Generalmente, requerimos una media de entre 1 y 4 meses hasta la publicación de su libro.

Tal y como figura en el contrato, hemos confeccionadocompletamente gratuita. En cualquier caso, recibirá su honorario a partir del primer libro vendido y además tendrá usted la posibilidad de beneficiarse de diferentes prestaciones editoriales que ponemos a su disposición para la difusión de su libro.  (véase documentación adjunta).

He reservado un puesto libre para usted en la editorial, así pues le pido que nos devuelva el contrato de edición en un período máximo de tres semanas debidamente firmado; en caso contrario, ruego me informe de su decisión, para poder liberar su puesto.

Si desea consultarme cualquier tema relacionado, no dude en ponerse en contacto conmigo vía e-mail.

¡Sería un placer trabajar con usted y ver publicada su obra!


Saludos cordiales desde la editorial

Anette Sauerbier