
No tengo mucho que decir. No estoy nada onírico. En primer lugar porque mis dóciles musas se me desvanecen en estos finales y primeros de mes, que es cuando a mí me vienen las hostias bien dadas, y la vida tiene más cara de perra que de vida. No obstante, yo siempre recibo ligera la inspiración, o la musa, o el numen, o como quieran llamarlo. A mí esas vainas no se me sedimentan en la piel y me depositan unos vocablos alienados con unas palabras. No. Me tengo que sacar hasta los tuétanos. Cavilar, hablar solo, salir al balcón, dejarlo, tomarlo, salir, entrar. Pues eso. Me voy a la calle a fumar un cigarro. Me asalta una pregunta: ¿Es verdad que en tiempos de crisis aflora el talento? A mí eso de la perspicacia o la clarividencia artística, me cuesta un huevo y parte del otro, y aún así, cuántos tiros quedan fuera de linea de flotación. No tengo muy claro que es eso del talento. Me gusta lo de Balzac, su correlación entre voluntad y talento, y esos corazones rotos o curtidos en épocas de recesión, pero mi postura es que en tiempos duros se vende bien el talento, consecuencia de la existencia de pocos postores, desenlace a su vez de la baja demanda, y efecto final de los barros que trajeron consigo los lodos. Es decir que no compra ni dios y no apuesta ni Perry. Hay que delatarse con cierta arrogancia, modelarse un patrón de puto amo, de imprescindible para el proyecto. Venderse. Los resultados pueden ser catastróficos. O no. Lo otro ya lo saben, la burbuja inmobiliaria dando de mamar a la corrupción y la especulación, pero de eso ya hemos hablado bastante.
No Pain No Glory. Lo entendimos tarde.
Una vez en Salamanca, me dijo una poeta de la tristeza, que hacía unos versos donde se mascaba una tragedia con olor a pescadilla podrida (vale, es una reverberación del que suscribe, que por muchos motivos encadena putrefacción con dolor) que ella necesitaba estar reconfortada para hablar de la catástrofe, aunque siempre hayamos pensado lo contrario, que era necesario estar de puta pena para hablar de un cuervo fatídico, un suicida y unos sufridos espectros infantiles. O de cualquier paranoia de estas monomaniáticas de la desgracia propia o forastera. Pero coño, tenía cierta razón, un espíritu (para aquél que gaste de eso) inquieto y desvelado por los hard times, podría tener inseguridades, temblores, y resultados chungos. Y luego está el debate, y ustedes dirán que en esas controversias del alma se pueden lograr buenos efectos, que Poe, estaba todo el día hecho unos zorros y narcotizado, y fue maestro universal, que Suave es la Noche, nació de la tragedia personal de Fitzgerald y de su fracaso con Zelda, y que De Profundis fue una epístola narrada en una cárcel, tras la condena de Wilde por indecencia y sodomía.
De acuerdo, no nos aclaramos. ¿Talento y bienestar general?. ¿Talento y estar jodido?
Y si existiera espesura, ya les aviso, que a mí la crisis me provoca este follaje léxico.
