viernes, 11 de marzo de 2011

Las Viandas de los Marcianos.-


En estos tiempos de gente sensiblera y suspicacia generalizada, apareció un reclamo de una cadena de gimnasios británicos tratando su estrategia mercante de este porte: “Cuando vengan los extraterrestres, primero se comerán a los gorditos”. Ahora que a los gordos se les llama fuertes, este tipo de enganches comerciales trajo consigo la irritación colectiva del mundo obeso, pues de los marcianos nadie tuvo conocimiento de queja, hasta donde sé. Podían haber dicho: nosotros comemos ratones como V, o gatos, como Alf (que creo que también era alienígena), o engranajes como los gremlins, nosotros a los gordos no nos los zampamos ni aliñados con meteoritos. Pero ni un sonido del universo sideral. Entonces yo me he puesto a navegar para saber un poco de las viandas de los marcianos (creo que es lo único que me faltaba), Aparece un tal Miguelín de Utrera, que se calzó una botella de manzanilla la Ina con una especie blandiblú con patas de titanio. Un colega de la Fundación Anomalía, al parecer, avezados en cuadernos de ufología, habla de un majara que le contaba de las aficiones de sus amigos cósmicos al helado de fresa, absorbido por la piel y metabolizado en una especie de carcasa saliente de un ombligo parecido a una seta. Otro freak del marcianismo, Manuel Carbalial, recuerda a un tipo que en los años 60 se fue de parranda con unos marcianos, y se dieron un homenaje de galletas  María Fontaneda, sin nada para mojar, ni nesquik, ni café, pero al parecer, aquellos planetarios de vacaciones lo fliparon en colores con aquel psicolabis de trigo. Por otra parte, gente como Eugenio Siragusa y Sixto Paz reniegan del pasaje anterior, y aluden al vegetarianismo cósmico. Y poco más he encontrado, un agricultor de Chiclana (en Andalucía se cree en tó) anunció en la taberna que vio a una especie de abejas gigantes elevándose con sus lechugas adosadas a la espalda, como imanes. Fuera de todo este surrealismo envuelto en coñac, falacias y drogas duras, digo yo que algo comerán esa gente verde, aunque sea gasolina sin plomo o aerolitos, algo les debe molar, y de algo se pondrán morados en sus fiestas del espacio, algo les provocará alergia, intolerancia, resaca. ¿Porqué esa carencia de pruebas? Posiblemente porque no han pisado la tierra en su jodida existencia cósmica y  a la gente le gusta mucho hacer épica con los gremlins. Y si sabes algo de marcianos, cuéntamelo, que me mola el tema. Quiero saberlo todo, por si algún día emigramos. ¿Y qué comen? ¿Alguien sabe algo de sus viandas? Gordos, no lo creo. ¿Les gustará el jabugo? Cuéntame. ¿Tendrán ganaderías de caché en su cosmos?




jueves, 10 de marzo de 2011

Las Monjas de Santa Lucía.-


No, esto no es una novela de García Márquez, por incapacidad y porque no lo es. 
Pues ahí estaban, en el convento, todos rosas, dobladitos y verdaderos, aguardando no sé qué, hasta que llegó el ladrón y los trincó. Un millón de euros, en billetes de 500, en bolsas del Carrefour, o similar. Que si lo pilla el Roca, se compra un Paul Klee, y te lo coloca encima del wáter. Las monjas de Santa Lucía se rasgaron aquella mañana el hábito de puro dolor, y dejaron la oración para mejor coyuntura, que no hay forma de rezar con tal desastre y no todos los días te levantan un kilo y medio, más bien nunca, porque no va dejando la peña, millón arriba, millón abajo, sus billetes güenos en ningún armario krojen del Ikea. No sabemos si la poli está más preocupada por la procedencia de la fortuna o por la búsqueda del bandido. Desubicada del carajo, no me cabe otra sospecha, y cualquier suspicacia de un comisario anunciando la normalidad de las bolsas de dinero en los noviciados me dejaría la jeta de mármol. Dicen que las monjas echaron en falta la pasta, tan verdadero como que era primera actividad de la mañana, el check de los billetes gordos, antes de la oración, el café con leche y las torrijas ésas que fabrican, o los huesos de santos, o como demonios se llamen las cosas de la culinaria religiosa, que a mí particularmente me sientan como un tiro de gracia en el estómago, y he de tomar un gin-tonic para digerir tal abundancia de azúcar y almendra. Alguna profesa asustadiza pensó que podía haber sido peor, que podían haberlas violado, o violentado, como se decía antes, cuando las hermanas abandonaron la calle para ingresar en la orden. Y la madre superiora la juzgó severa. Coño, suspiró el inspector, esto me recuerda a una peli porno de Rocco Sifredi. 
Entre medias, en mitad de esta novela real que apareció en los periódicos hace un par de días, una monja pintora, Isabel Guerra, que vende cuadros en torno a 30.000 euros en el mercado del arte, la posibildad de un ladrón de guante blanco que supiera de la existencia del  botín, la opción del  ratero de pocas ínfulas pero con una flor en el culo, un convento de robustos muros, y esas bolsas al estilo Malaya, con mucha pasta, en un lugar de gente austera, teóricamente emprendedoras de la caridad. Cuanta rareza y oscuridad, tenía que ser en Santa Lucía, patrona de los ciegos. Y luego aquella ida de olla de Santa Teresa de Jesús. ¡Ay que larga es esta vida! / ¡qué duros estos destierros! / ¡esta cárcel, estos hierros / en que el alma está metida! / Sólo esperar la salida me causa dolor tan fiero, / que me muero porque no muero
Yo no sé que tomaba Santa Teresa, pero me consta que las monjas del siglo XXI difieren mucho de su espíritu y locura. Nadie dijo que ser monja fuera fácil. ¿Amor de monja? Pues todo parece aire, como aquello del fraile.

martes, 8 de marzo de 2011

La Vergüenza Pública.-




Sabido es que los franceses no son muy constantes en el afecto, y sus relaciones con Galiano, María Antonieta, Robespierre, Platini o la casa Dior, se bifurcan según salga el sol, en amores y odios.  A John Galiano, el special one de la moda, ese gran científico del diseño por encima del bien y del mal del que hablan maravillas por sus malabares en la moda, sí,  ese tipo al que le dieron el porte de la bandera del renommée, ahora no le quieren bien. La privacidad de las personas, la tecnología y todo eso. Qué daño han hecho los chinos a la vida privada. Los chinos e Internet nos han jodido la vida. ¿Quién coño iba a saber antes acerca de lo que Wilde decía en una taberna, si no fuera por ese patán de Bossie que se llevó a la cama y todo lo chivaba? ¿Quién iba a saber de los exabruptos de Quevedo? Ahora la KGB y la CIA están por la calle, en cualquier esquina con una cámara, que ya habría de considerar el lesgislador como arma blanca, dispuestos a jodernos la vida. Que te lo cuente Paquirrín. ¿Y los campos de fútbol? Esos tristes empleados de oficina canturreando en masa la muerte de Mourinho, esos niños racistas insultando a Etoo, y esos mecánicos transformados en ultras con navaja, exentos de la deshonra social salvo cuando tiran una botella e impacta en la cabeza de un jugador. Normalmente todo pasa desapercibido, se trata de gente sin resonancia social, has de ser Charlie Sheen, Mel Gibson, Galliano o Ricky Gervais, para crear un Judas del siglo XXI, y la vergüenza pública siempre acabará acechando al mediático. No obstante de comportamientos bajunos, nuestra sociedad está plagada. Y a veces, son gente incluso simpática, crecidos durante el fin de semana por la masa y el alcohol. Si queréis reventar el país, sacad vuestra cámara en plan Europa Press. O aquello de Chesterton: ¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por tanto tengo dentro de mí todos los demonios. 
Hasta que llegó un día en el que nos dedicamos a filmar la vida de los otros. Normalmente, por joder, y por venganza. Si no pa qué.









domingo, 6 de marzo de 2011

Ricos Nuevos, Parranda y Créditos.-





Vengo congelado de la moto por Madrid, y con cara de pocos amigos, porque el lunes se asoma por la ventana. Vienen curvas. Este fin de semana he visto unos cuantos.
Finales de los sesenta, principios de los setenta. Todo vino rodado, lo bueno y lo malo, el proceso de Burgos, Massiel, los payasos, el Cordobés, Serrat, Torrebruno, la industrialización y cierta bonanza en la economía derivada del impulso mundial y la emigración masiva. Y salió aquel títere con voz de pito que nos tuvo contra las cuerdas cuarenta años, a explicarnos que ya eramos ricos, y además, debíamos mostrar toda la apariencia. Franco, aquel retaco fondón que hablaba inglés como mi abuela, fue el inventor de la riqueza cateta, del rico nuevo y de la aberración del dinero en general. Todo, como garante de su dictadura frente al exterior. Con Paco, llegaron los bancos cargados de créditos, y los españolitos nos compramos la tele, el 124, comimos langosta, criamos los pavos en casa (juro que tuve un vecino que tenía un pavo en su piso y lo mataba en navidad), vimos a Lina Morgan en el teatro, dimos de lado al bacalao (para recuperarlo años después a precio de delic) y sacamos el reloj de oro por la ventanilla del coche mientras fumábamos winston americano. Ricos bastante catetos, tras el hambre, la posguerra y la miseria que nos abordó previamente. Y ahí hemos estado mientras  nos han dejado, viendo camareros convertidos en alcaldes corruptos, electricistas en ministros, analfabetos en concejales, hemos estado especulando en mitad del burbuja inmobiliaria, forrando a las marisquerías y conduciendo coches de pompa alemana que han estado fabricando nuestros emigrantes, aquellos que nos dejaron terreno libre para la opulencia. Hasta reventarlos, iremos a por el pan en coche, a mear, a por el periódico, a dar una vuelta el domingo al campo de tiro, en plan Torrente. En un país donde se piden créditos para la feria de Sevilla, y ver a un lector en un parque es una irregularidad social,  donde la cocaína es guay además de razón de exuberancia, y se han venido atando los perros con longanizas, donde las farolas lucen hasta el amanecer, se lee poco más que las cortinas de humo y el as, y se mata la gente en coche al salir del after. En un país tan mal educado, el rico nuevo asoma los cuernos al sol, se compra un iPad para colocarlo encima de la tele de plasma y LCD, tunea el coche y tiene el frigorífico lleno de viandas insalubres. Solo importa la vida de cara al exterior. Y a Dostoievski, ni le conocen, ni ganas. Franco, qué mal ejemplo. Otro fracaso de un ingeniero social.







viernes, 4 de marzo de 2011

Las Cosas del Esperma.-





El esperma es importante, diría que es la base del universo. Vale mucho o poco, crea grandes criaturas y algunas veces grandes hijos de puta, pero es vital para la evolución. Qué vamos a discrepar. Nada. El esperma es una cosa seria y no se puede ir regalando secreciones de semen a cambio de 50 euros o tres gin tonics en el Bristol. Ahora vienen al mundo bellos churumbeles, y las secretarias y enfermeras de los bancos de semen lo agradecen, rubios del este y mazingers buscando plata fácil, directos a jugar al cinco contra uno, con una revista de la gran Dita Von Teese o con su imaginación (en China, vista la foto, no hacen falta revistas), rellenando botes para el cometido de la donación. Luego, el esperma se queda ahí, aburrido, congelado, triste, esperando a una mamá, mientras el polaco se gasta la pasta en una entrada del Bernabeú, se emborracha en Legazpi y  piensa en volver a hacerse otra manola de pago. Pero olvida sus riesgos. Hago el comentario, tras una noticia de la prensa alemana. Dos lesbianas, evidentemente con la jeta muy larga, dos teutonas de andar por casa y de dar por culo, requieren la pensión alimentaria del colega que les regaló el bote, un tal Klaus Schröder. Y todo ello, a pesar del pacto previo al onanismo que donaría vida. Las lesbianas le prometieron no solicitar jamás patrimonios o dinero del donante, pero pasado un tiempo disfrazaron su garantía de artificio al modo Orgullo Gay y se lo pasaron todo por el forro de su vello púbico. Ni que hubieran hablado con Zerolo y Mónica Naranjo. Entre tanto, el niño tiene ya cuatro añitos, va dejando de ser un bebé gracioso, y tiene ganas de un papá que le suelte parné. Y lo peor, cuenta con el apoyo de la ley alemana: un padre debe hacerse cargo de las necesidades de su prole si no cabe duda sobre su paternidad. El pobre Klaus, nunca mejor dicho, hasta los huevos.
Así de claro, genérico. Sin disposiciones específicas, sin claúsulas, a soltar la manteca, colega. Por tanto, cuida tu esperma, no dilapides tu fortuna testicular, no vaya a ser que te salga una lesbiana revenida y entre Zerolo y los abogados de Berkana, te saquen la sangre además de esa sustancia seminal que tanto te ha hecho gozar, y la depositen donde les venga en gana.
El esperma es una cosa muy seria. Cuando es de verdad. No, no es una coña como la de Lady Gaga, que nos quiere perfumar la vida con una esencia de sangre y semen. Pero habrá alguna que se lo ponga ahí, a ver qué pasa, en esa fusión del gran batallón de donantes que acapara el imperio de la diva.


jueves, 3 de marzo de 2011

Un Tirano Feo y una Risa Sucia.-




Creo entender que todos alguna vez hemos sido partícipes de la carcajada ridícula. Le hemos reído algo al matón de clase, al profe malo sin chispa en su absurda broma y al dueño del restaurante que vuelve gracioso con los chupitos y la cuenta saldada. Nos reímos, a modo de indulto, para no hundir a aquel que no tenía ni puta gracia (yo lo he hecho a veces, y me parto la caja cuando lo recuerdo al salir del territorio de la risa forzada). Zapatero, también, en cierta ocasión le rió la gracia a Gadafi, mucho antes de declarar como intolerables sus violaciones de los derechos humanos. No solo él, también la comunidad internacional (Chavez incluso le succiona), no toda la culpa y el ridículo van a ser monopolio de ZP. Incluso los predecesores de nuestro presidente, Aznar y González, claros referentes de los pasos de Zapatero en los países árabes. Todos le han reído el chiste.
Y así se dio una vuelta por Libia, Zapatero, a ver qué se contaba un colega de esos que nos suministra petróleo. Uno no va a Libia a verle la cara a un tío tan feo, y a tomarse un tajín de camello con té, si no es para sacar provecho. Luego le siguió Moratinos, ese ministro sensible (o llorica), a celebrar el 40 aniversario de la revolución (hace poco con Raúl Castro, por asuntos de apoyo en la FAO). Hasta que arrecia la condena universal, el trato con la dictadura será directo, cordial y claramente premeditado. Después vendrán las chapuzas de esa postrera denuncia de la violación de la humanidad. ¿Acaso no sabías antes que a una parte del mundo se la estaban metiendo hasta el fondo y sin vaselina? Claro que lo sabías. Le habéis mirado con agrado mientras hablaba salpicando saliva, como un tirano mal aseado. Le hemos visto reír, nervioso y cínico, como un títere cogido por los huevos, con una ironía de mentira, y con mucho miedo tras una bufonada que no se la cree nadie. Ahora, esperando que no salga libre de la grosería, los políticos de Occidente le negarán el té y no les hará ni puta gracia verle la cara de verdugo. O de payaso en los estertores de la muerte. La historia del universo es siempre, siempre, siempre, siempre igual.




martes, 1 de marzo de 2011

Cuando la Telebasura Mola.-

Cuando Ignatius Reilly, aquel malogrado articulista de La Conjura de los necios, se colocó una tarde delante de la tele para ver un programa de niños que querían ser cantantes, sabía que estaba viendo telebasura (un programa de niños que quieren ser artistas no puede ser otra cosa, salvo mierda televisiva, trash tv). No obstante, no dejó de verlo, cargó duramente contra aquellos repelentes aspirantes pero no presionó el off de la tele. De tal forma, tomando el paradigma en nuestros tiempos, no me cabe duda de que somos (y me meto en el paquete) seguidores de aquello que abominamos con toda nuestra fuerza, somos contrarios a esos chuflas amorales y a esas verduleras del pelo frito, pero no podemos apartar la vista de sus escenas.  Ahora en la tele, atrapa ver al que no solo no le  quieres bien, sino que detestas. El formato es malo pero de vez en cuando mola porque  ves a Salvador Sostres hablando de chochitos rosados, a Belén Esteban fuera de si con el dedo levantado y los ojos fuera de órbita, al enano Vázquez y su narcosala, al pésimo Pablo Motos haciendo gracias sin tener ni puta gracia, a Eduardo García Serrano llamando zorra a la consellera de salut de Catalunya. Y te quedas un rato, con tu vergüenza ajena y cierto placer. Coño, tengo dignidad, piensas, todavía no estoy perdido. A veces, casi siempre, el zapping viene con premios, te aburres con el telediaro de la uno, le vas dando a los botones, aparece una rubia con los labios de la Veneno llamando cariño a la peña en un programa de llamadas 806 porque se sortea un coche o 50.000 euros que nunca existen, a continuación Lydia Lozano llora por sus movidas con Al Bano, aparece una perforada del Gran Hermano mamando una polla debajo de un edredón, la Milá echando la bronca vestida de marciana de la fragua, la mujer de un pedófilo llorando en un parque con una carroñera metiéndole el micro en la boca. Dios, qué puta mierda de tele, y algunos de nosotros parando en mitad de tanta cochambre, qué extraña dependencia. No estaría mal reflexionar acerca del ocio televisivo. Vale que no todo es National Geographic, que queremos ver otras cosas además de tiburones, arqueólogos, nazis y judíos, pero la trash tv nos aborda, nos engulle y somos números del maldito share. La caspa y el pelo frito dan dinero. Vemos ese déficit de contenidos en plan masoca, y nos gusta, nos sentimos bien. O mal. O viceversa.